La borrasca que se ha paseado
por nuestras tierras esta semana y que ha dejado lluvias y un rastro de
modernidad, comienza a marcharse. Tras ella viene otra a la que todavía no
le han puesto nombre. No sé cuál de las
dos, al final, será la más dialogante, pero, a primeras de cambio, lo que es innegable es su efecto, tan
fructífero, ya que, nosotros, mojados y chorreando como una toalla sin centrifugar, somos más
entrañables, y mucho más invisibles, y le dejamos al gallo que cante a sus anchas…, que medien las palabras, incluso que se nos
caiga una lágrima de lucidez…y, de regreso a casa, que nos dé por atravesar la vida
en verso, que es por donde suele asomarse la libertad.
Hoy es un viernes de
teatro antiguo, entre Calderón y esos descansos en los que se dan las luces y
el gentío llena el hall, lugar en el que se ve cómo se
enrosca la vida social, tan llena de espejos, nada más llegar uno de los entreactos de Conspiranoia, la obra que está de estreno en el
Alcázar, en la calle Alcalá, 20, y que, en cuantose pagan las luces del patio de butacas y se pone en marcha, hace que nos
preguntemos qué pasaría si la Tierra fuera plana. A lo que contestaríamos,
casi con total seguridad, eso de que los
pájaros no duermen ya en sus nidos, sino en la estación de Príncipe Pío
(tirando de la pura analogía:pío, pío... ). Pero mejor no detenernos ahí, ya que lo nuevo
siempre tarda en llegar. Llegan más rápido las influencias, a las que vemos
como una tendencia natural, tan acostumbrados al nepotismo, barato y lujoso,
por donde se pasean personajes, personajillos con limitaciones culturales,
porque el molde y el betún que nos impregna también hace, y da resplandor
y elegancia a nuestras hazañas, que no siempre son bienvenidas o celebradas por
quienes prefieren que sigamos en el anonimato. Y esto no lo recogen las
noticias.
Los grandes personajes
acostumbran a seguir “la filosofía del samurai”. En eso se parecen al director
de cine japonés Akira Kurosawa, descendiente de samurais y al que le
gustaba el mundo militar, de guerreros y batallas, conocido como el “emperador del
cine”, y que la mañana del 22 de diciembre del 1971 intentó suicidarse haciéndose
seis cortes en la garganta y ocho en las
muñecas. Por suerte, la asistenta oyó un ruido y… Los servicios médicos
llegaron a tiempo, alertados por su sobrino, al que le dijo: ꟷ”Un hombre
que se suicida siempre tiene una razón que llevarse a la tumba, así que no
trates de descubrirla”. Estaba rodando ¡Tora, Tora…!, tenía dificultades para
hacer cine en Hollywood… Muchos lo consideraban anticuado… Por ello, fue relevado
por Richard Fleischer y despedido por la 20th Century Fox, a la que había
ayudado a enriquecerse.
Kurosawa vino al mundo en una
configuración astral que venía a explicar su carácter melancólico y depresivo.
Tomó clases de kendo-lucha con cañas de bambú y esgrima. Su hermano se suicidó
con 27 años. Era meticuloso. Sus películas
están repletas de toda la belleza y la delicadeza de sus coetáneos,
además de laboriosidad y disciplina. El cineasta nipón tiene ese tinte sagrado y emblemático que
distingue y enaltece su trabajo, convirtiéndose en un ejemplo a seguir
por reconocer y respetar las verdades más esenciales de la existencia, esas que
pertenecen a la humanidad entera. Hipersensible, inhábil físicamente, torpe, y demasiado alto por tratarse de un japonés..., tanto que en el colegio se mofaban de él como si
fuera un simio, y ríete tú de eso que ahora llamamos bullying.... Sólo veía bien con un ojo, pero…, ¡qué ojo! Era uno de esos
hombres muy curiosos, con pinta de anormales, que sobresalen sobre el
resto y se erigen en uno de los cineastas más grandes y perdurables a nivel
artístico y ético, con una mirada indiscutible, que nos regaló imágenes que son
puro oro y que están muy por encima de la materialidad, siempre tan fugaz, y que
pervivirán por siempre en el libro de la historia universal.
Sobrevivió, se instaló
en su vida familiar, hasta que allá por 1974, la Mosfilm, un estudio de cine
soviético, le propuso hacer una película en Rusia. El resultado final fue la
épica Dersú Uzalá, un canto al respeto y a la amistad.
El guion está basado en las memorias publicadas en 1923 por el explorador
Vladimir Arséniev sobre un hombre de etnia herhen (Maxim Munzuk),
que pasó gran parte de su vida en la región del río Ussuri, en la taiga
siberiana y que acompañó a Yuriy Solomin, en su papel de capitán Arséniev,
y a sus soldados, en cada una de las expediciones topográficas que realizaron
por Sijoté-Alin, sobre todo en el área de Shkótovo, entonces parte del Krai de
Usuri. Al principio de la película los hombres del capitán ven a Derzú como un
hombre ermitaño, maleducado y excéntrico, hasta que poco a poco acaban
ganándose su confianza y el respeto del grupo gracias a su
inteligencia, sabiduría, instinto de observación y compasión hacia los demás.
Inolvidable.
Hoy es viernes y
llueve. Un buen día para visionar Derzú Uzalá en vez de ponernos a ver las
noticias… Mejor dicho, la repetición, el bis, el tris de los acontecimientos…
En algunos medios, en vez de las noticias, lo que dan son una mentira tras otra, obedeciendo las òrdenes que da el dinero.


1 Comentarios
Buenísimo… y gran consejo el que nos das…
ResponderEliminarOjalá después de “la repetición, el bis, el tris de los acontecimientos…”, nos contaran cosas interesantes, como las que tú cuentas.
¡Gracias por tanto!