13 MARTES


 


 Que un martes de enero caiga en trece quiere decir que, ese día,  el ideario del invierno, trae una propuesta muy especial para nosotros, que no es otra que hacernos un lifting para eliminar las grasas acumuladas y, de paso, borrar de la capa que acolcha las neuronas esa trola eterna que vive sin vivir en nosotros  desde hace más de cinco mil años. De ahí que cada día nos levantemos con una amante diferente o una amante de mentira, que es como querer ansiar entre nuestras propiedades un castillo pero lo hemos tenido que cambiar por un chalé adosado,  porque hoy en día todo es en diferido o adosado, como lo es la excitación, o el citado chalé/chalet, otro símbolo del nuevo rico que no tiene título nobiliario y se queda de por vida de interino, por si se abrieran las listas de los grandes de España. Personalmente, el que más me gusta es el lifting de pestañas, que realza la mirada y uno puede ver perfectamente cómo se desarrolla la nueva mesocracia del dinero, que tira más por las maquilladoras que por los de la hormigonera, que son los del currelo, los colegas del bar que ven el partido juntos mientras se toman unas Mahous, momento que aprovecha el hijo mediano, que va de punki, para pedirle algo de viruta, ya que el chaval anda toda la semana más seco que la mojama. Pero los otros…, los de la hegemonía burguesa,  ni sufren ni padecen, excepto cuando cae La Bolsa.

Llega el martes y ya los tienes a todos asfixiaos…, porque se pueden decir muchas cosas con tinta, pero también con sangre. Pero el gentío es más falso que un Rólex/Trólex de oro. Se pasa la mañana de pose en pose. El gentío se esculpe así mismo cada mañana una estatua nueva por si se muere y al corazón le echa un candado para que no salgan los secretos. Sólo deja abierta alguna vena para que se escape la sangre justa, la que necesita ese cuerpo tan  golfo. O sale al jardín del chalé y, si ha nevado, pinta una acuarela. O sea, que se dedica a poner a la vista las réplicas por si hay un águila sobrevolando los cielos y le da por abrazarlo, y se lo lleva cosido entre sus garras, es decir, pinchado como una aceituna rellena. El maquillaje comienza bien temprano con tal de que no se note la falsedad  o el tinte de bote. De ahí que el gentío se levante sin complejos y con un halo en el sexo formando un abanico como si fuera un pavo real. Y ellas dejando el collar de perlas blancas  en un lebrillo lleno de huevos marrones. Es la nueva forma de ponerse clueca. Y de atraer al simio para atraparlo y meterlo en la jaula para después exhibirse delante de él  bailando una danza guerrera. En cierto modo, al pueblo le gusta mimetizarse con las clases pudientes. Por eso hay tantas hipotecas y se levantan a la seis de la mañana, porque se creyeron aquello que traía la Constitución donde decía “que todos somos iguales ante la ley”.  Y así pasó. Y pasa… Y más si es 13 y martes…

La mañana es un simulacro constante. Ellos y ellas hacen orfebrería frunciendo el  ceño, fingiendo un dolor de cabeza, borrando un whatsapp, anunciando a bombo y platillo que tienen una reunión, o una cita con el médico, y que un poco antes se tienen que pasar por el banco… “Hasta luego, mi amor, te quiero…”, y salen por la puerta a toda prisa. Tacones de infarto y los mocasines castellanos metiendo la primera marcha de la  moto BMW que hay aparcada sobre la acera. La vida diaria, como la araña, tiende su trampa. Nadie quiere morir de frío. Ni de aburrimiento. Así que no queda otra que inventarse un cuento, un argumento que funcione para salir de las cavernas, salir del chalé y de la cama, del sexo en diferido o  el amante adosado, que suele ser infiel, mientras que el perro no lo es, y corre a su encuentro en cuanto abren la puerta del palacio, perdón, del chalé, hecho con las piedras de la cantera del pueblo y en el que hay un nido de golondrinas en el patio, donde también  está la lavadora, la secadora y el tendedero, y la bolsa de las pinzas colgada sobre un machón y la cesta canasta para jugar al baloncesto, aunque no encesten ni una. Pero lo siguen intentando, sobre todo en el verano, que continuan sin encestar pero con el balón espantan los mosquitos. Y a las abejas, que se han ido hasta los zánganos y la abeja reina.  Pero ya ni se acuerdan de eso. Y más con la que está cayendo. Hace un frío que pela.  Por lo tanto, no se puede salir a la calle de Loewe. Es imprescindible el abrigo, o quizás la mística de la capa o el  astracán, aunque, como olía a comunismo, se dejó de utilizar. Y sin pudor de clase, salen a la calle como embajadores de la moda, aunque al girar la esquina, se detengan a meditar. Detenerse es bueno, antes de dar el siguiente paso en falso. Es conveniente ser minucioso con la memoria, porque no se puede perder el tiempo con una antigua farsa. Pero así nos hemos pasado la vida…, entre canción y canción:  Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralaráPor el mar corren las liebres, por el monte las sardinas,  tralará… Vamos a contar mentiras, tralará…”. Y de ahí hasta el infinito. Pero hoy es 13 y no hay que molestar demasiado a la memoria, que es una tinaja que de vez en cuando suena a hueco.

 



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