TRES DÍAS DE FIESTA..., VOLANDO


 


Los pájaros tejen piruetas en el cielo y se cuelan por las grietas de la vida, antes de que tenga lugar el  eclipse, que está al caer. Los aficionados a la astronomía y un gran número de curiosos  llevan ya unos cuantos días ensayando, pero sobre todo buscando un lugar adecuado en el que ponerse, porque no es lo mismo llegar primero, que segundo, ya que un segundo puesto, que es una buena posición, siempre va precedido del “casi”, pues ser el primero,  o sea, el ganador, solo lo consigue uno. Y pa qué las prisas.., no porque las estrellas se vayan a poner a bailar, sino por  entrar unos segundos en la “oscuridad”, todo un reto, vivir el momento, oiga, que, según dicen,  es la “releche”, cuando sabemos de muy buena tinta que la lobreguez es consustancial con nuestra existencia, sobre todo en estos tiempos en los que está de moda la rentrée en las cavernas, el circo mediático y la lucha de gladiadores.  

El Premio Princesa de Asturias ha recaído sobre la dama del punk, Patti Smith, por plasmar la rebeldía del individuo. La rebeldía entendida como ese soplo que lleva el espíritu de la contracultura de un lugar a otro, junto a esas “mil palomas que nos dan la bienvenida” cada día, pero  cincuenta años después de aquel concierto en Badalona, en 1976. Criada en una familia de Testigos de Jehová, ha escrito más de veinte libros de narrativa y poesía. Creció en Filadelfia y desde muy joven comenzó a trabajar en una fábrica de juguetes. Grabó su primer sencillo en 1974: Hay Joe, Piss Factory. Ella puso los versos y el éxito llegó solo.  Hasta que apareció el gran himno: People Haver the Power (1988), que viene a decirnos que el pueblo tiene el poder de redimir la obra de los necios, volver a leer las huellas, las pistas de aquella juventud para saber quiénes somos, porque eso es como una mano que se acerca o una luz que aparece en la noche y viene hacia nosotros. La vida está ahí y no podemos inventarla.

Se premia a una jipi y se bendice a Zurbarán, que, según Odile Delenda,  fue tan moderno, por original e innovador,  que se pasó de moda; el pintor del misticismo y de lo indescriptible, al que llamaron el Caravaggio español, con sus naturalezas muertas, en las que casi se puede oler el aroma de los limones y la flor del naranjo, uno de los maestros del Barroco y del trampantojo, el diseñador de moda de la época, como dice Benito Navarrete,   aunque, para coronarse,  se haya tenido que ir a la National Gallery de Londres, mientras nosotros nos preparamos para  un fin de semana improvisado y lleno de fiestas y conmemoraciones, aunque bien podríamos meternos en la película de la moda, el bis de aquella otra,  El diablo viste de Prada 2, que, como la primera, la dirige David Frankel y vuelve a traernos aquellos cuatro personajes inolvidables: Anne Hathaway como Andrea “Andy” Sachs; Meryl Streep como Miranda Priestly; Stanley Tucci  como Nigel, el adorable director de arte; y  Emily Blunt en el papel de primera asistente de Miranda. Una segunda entrega sin tanta acidez como la primera y sin esa capacidad de sorprendernos. Retrato de la trastienda de la moda y de la degradación del periodismo, veinte años después.

Como vemos, la vida le va dando cobijo a lo viejo, a la repetición de los acontecimientos, a lo doméstico  y a las exaltaciones, aunque en nada, la multitud  saldrá a la calle para celebrar el 1 de mayo y, el 24, para protestar  por la situación de la vivienda en una huelga como las de antaño, en las que se le tocaban los cojones al sistema y a la madre que parió a los políticos,  no sin que horas antes le hayamos escrito una carta a mamá contándole nuestra vida y diciéndole que la echamos mucho de menos. El Día de la Madre y del cupón de la ONCE, un día para meditar antes de que nos cuelen otras elecciones en el menú y otro puñado de mentiras por la radio y los periódicos, a los que le da lustre la cursilería o la mala uva de cuatro intelectuales que se han radicalizado. La carta a mamá, por muy sentida que sea,  no le interesa a los grandes almacenes ni a las compras on line, ya que supone la ruina para ellos y para las floristerías, que llevan ya unos días acariciando los capullos como si fueran de seda. Todo con mucho mimo, cuidando la amalgama de voces y de colores, a los que les da asilo el tiempo que viene, lleno de curiosidades, donde todos parecen felices o lo aparentan, y sin miedo a que los fusilen el 2 de mayo en la plaza de La Movida defendiendo Madrid, junto a la puerta del viejo cuartel, con Daoiz y Velarde, que se sumaron al levantamiento en 1808,  evitando el destino. Y ahora se celebra el triunfo  juntándonos por las noches, haciendo de la mañana una fiesta y por la tarde un tardeo infinito,  conmemorando los siglos, las hazañas y las batallas, que, si echamos cuentas, siempre dan pérdidas y páginas ensangrentadas para llenar  unos cuantos libros, ahora que no se lee.

España baila y tiene un mapa con todas las actividades, pero no de todas las provincias, convertidas ahora en comunidades, más un listado de los apaños ante la cita electoral, donde brilla la palabra corta y el discurso rancio, y racista, mientras redoblan las campanas y nos miramos en el espejo, y las democracias van  olvidando el pasado y prendiéndole fuego a la traca, al boceto que tienen en la mente para esta sociedad estructurada  como un panal de rica miel, una sociedad que viene a ser un cajón de sastre donde lo primero que salen, al abrirlo,  son las tijeras, las del recorte, y después la escasa voluntad de encontrar soluciones, ni para la vivienda ni para los desahucios,  no vaya a ser que se enfaden los bancos o los fondos buitre, con esa  mirada maligna que tienen, tan egoísta, sin sentimientos, sin sentir congoja ante las lágrimas o el dramatismo en  la calle, con la escalera entera vendida por 300000 euros y los niños sin hogar, la indignación convertida en un monumento, los pisos y el dinero, la podredumbre hecha realidad, la miseria, la tiranía enfrentándose a las familias, a los pobres de solemnidad… Y en seguida llegan las buenas palabras, pero no las soluciones, y los vecinos, prisioneros del sistema, ciudadanos de segunda, o de tercera, esclavos sin manumitir porque no hay voluntad..., en tanto que la libertad sigue estando por las nubes. No estaría mal algo más de dignidad en vez  de tanta fiesta.



 


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