EL EROTISMO EN EL CINE




Cuando el cine daba sus primeros pasos, en 1896, Le coucher de la Mariè fue un filme proyectado más de trescientas veces en tres salas. Creyeron estar ante un pequeño milagro. Luis García Berlanga, en unos cursos sobre “Cine, mitos y humor”, afirmó que “la diferencia entre el erotismo y la pornografía era únicamente administrativa”, ya que un filme puede ser calificado “S” o “X” dependiendo de su contenido.

Ciertos productores, definieron el erotismo como un juego psicológico. Los realizadores, para hacerse con una temática atractiva, muy pronto se inspiraron en algunos éxitos teatrales. También el cine francés y el italiano abastecieron las pantallas americanas: en aquellos años, los productores explotaron muchos temas históricos y crearon suntuosos decorados para rodar un sinfín de orgías. La obra maestra del género fue Cabiria (1913), de Giovanni Pastrone. Por aquella época, un hábil comerciante de Ptitsburgh tuvo la idea de alquilar un almacén y decorarlo de una forma llamativa, además de poner alrededor de su fachada muchas luces encendidas. Allí dentro, por cinco centavos, se podían  visionar filmes contrapunteados por el sonido de un piano, en sesión continua. Pronto se abrieron numerosas salas, conocidas como nickelodeons. La actriz favorita de aquellos años fue Florence Lawrence, de la compañía Biograph. También por la misma época, Sennett contrató en Hollywood a una colección de bellas mujeres y las presentó con unos trajes de baño tan reducidos como era posible dentro de la moral de la época. Las chicas era elegidas únicamente por sus atractivos físicos, pero finalmente se revelaron como unas excelentes actrices: Gloria Swanson, Marie Prévost, Alice Lake.... Los partidarios de la censura no tardaron en atacar estas creaciones  fundando la Motionn Pictures Producers and Distributors of America y creando el conocido Código Hays para velar por la moral y la virtud.


 En los años treinta el erotismo jugó un papel muy secundario en los filmes. Hubo que esperar a la llegada de directores extranjeros para darle un auge a los temas más atrevidos. Fue la época de Marlene Dietrich, de Greta Garbo, Harlow... Aquello no tenía nada que ver con el mero exhibicionismo. Lo que Hollywood buscaba realmente era una nueva imagen de la mujer. Entonces apareció Mae West. Resultó tan escandalosa que los más puritanos hicieron correr la voz de que se trataba de un travesti. Pero sería injusto localizar exclusivamente el erotismo cinematográfico en las mujeres, puesto que, por aquel entonces, ellos  también contaban: Clark Gable, Robert Taylor, Tyrone Power... Una gran fecha para el cine erótico fue en 1932 con Éxtasis, del checo Gustav Machaty, sobre todo por una secuencia rodada en un bosque en la que se veía completamente desnuda a Edwige Kiesler, que más tarde se convertiría en una gran estrella de Hollywood con el nombre de Hedy Lamarr, triunfadora en la versión de Sansón y Dalila, de Cecil B. De Mille. La actriz se casó con un millonario que intentó comprar todas las copias de aquella película, sin éxito. En la inmediatez de la posguerra, triunfó Jane Russell, que, acostada sobre el heno, se le veía un hombro desnudo y tenía la falda subida hasta el muslo. También estaban, por parte de la Fox, Anne Baxter, Carmen Miranda y Jeanne Crainn; por la Paramount, Dorothy Lamour, Verónica Lake y Betty Hutton; y por la RKO, Lupe Vélez, Mauren O´Hara y la propia Jane Russell. Ahora bien, las tres más importantes fueron: Lana Turner, llamada la sweater girl, puesto que llevaba jerseys varias tallas menores que la suya; Verónica Lake, con su melena rubia ocultando su ojo derecho; y Betty Grable, con sus famosas piernas aseguradas en un millón de dólares. Fueron tiempos de sensualidad y perversión, que no tardarían en llegar a las cintas del cine negro, lleno de equívocos argumentales y formales, de sorda violencia, de ambigüedad  de caracteres y personajes, de pesimismo y desesperanza. Pero quien estaba de verdad por llegar era  Gilda (1946), una película de Charles Vidor, con una Rita Hayworth espléndida y exuberante, que se hizo célebre gracias a la secuencia de strip-tease en la que se quita un guante de terciopelo negro. Y lo hace con tanta lentitud y sabiduría erótica que, cuando por fin cae el guante, esa acción produjo en el espectador la impresión de quedar completamente desnuda. Otra de las actrices de la Metro Goldwyn Mayer fue la diosa de Ava, el animal más bello del mundo, que  llevaba trajes tan ligeros que un empleado de los estudios estaba encargado de acompañarla a todos los sitios con una estufa portátil. Después vinieron Carroll Baker... Actores, como Marlon Brando con su torso desnudo en Un tranvía llamado deseo…, hasta que apareció la inimitable Marilyn Monroe, que, si bien representaba el colmo del artificio y era  un ejemplo típico del producto fabricado según las necesidades de la demanda, también es cierto que luego supo escapar sin contaminarse de ese universo monolítico y construirse un monumento a sí misma. Groucho dijo en alguna ocasión que era la única mujer que, sólo con verla andar, despertaba su juventud. La prensa reveló entonces que había posado desnuda para un calendario. Y ella contestó:―”Lo hice porque tenía hambre”. Fue una fuerza erótica excepcional que jamás debemos confundir con Mae West. La West era un volcán; Marilyn, por el contrario, fue una luz eléctrica. Murió desnuda, como le gustaba vivir y dormir (además de con unas gotas  de Chane! Nº 5), feliz de sentirse libre, con la mano en el teléfono y ofreciendo su desnudez al mundo entero.



Sin embargo, el primero que sistematizó el empleo del erotismo  cinematográfico fue el cine italiano. Tras el fascismo, llegaría la liberación y con ella la renovación del cine: Sofia Loren y Gina Lollobrigida. Después Sandra Milo y Anita Ekberg; Lucía Bose, Ornella Mutti...  Directores, guionistas... En España, el cine casero se caracterizó por la aparición de estrellas domésticas, por una serie de vedettes como Mercedes Vecino, Amparito Ribelles, Blanquita de Silos, Anita Mariscal... La otra vertiente del estrellato cinematográfico vendría de la mano de las folklóricas: Lola Flores, Carmen Sevilla, Paquita Rico, Marujita Díaz... Y así hasta que llego la única: Sara Montiel y su Último Cuplé. La relación entre la comedia, el amor y el erotismo dentro del cine español fue larga. Primero se descubrió el bikini y las playas. Luego el cine llamado de la tercera vía (mitad españolada, mitad cine de autor  y buenos actores):  No desearás a la mujer de tu prójimo, Cuando el cuerno suena... Aparecieron Nadiuska, Ágata Lys, Bárbara Rey, María José Cantudo.... Fue cuando vino Berlanga con su Tamaño natural  y el gran éxito de taquilla en 1976 con La lozana andaluza, de Vicente Escrivá. Pero la primera película española calificada "S" fue Una loca extravagancia sexy (1977), de Enrique Guevara. Ahora bien, hemos de convenir que el filme erótico o la reflexión más profunda realizada sobre el sexo y la posesión amorosa en España fue la película Bilbao {1978), de Bigas Luna,  la historia de un fetichista que se enamora de una prostituta y empieza una estrategia de posesión de esa mujer mediante la apropiación objetual e icónica.

Homosexualidad, el macho ibérico,  lesbianismo, transexuales… Los guionistas buscaban fuentes del erotismo en  cada uno de los complejos, ya fuera en Edipo, Electra…, el fetichismo, el voyeurismo, el exhibicionismo, las ninfómanas…, las geishas…, la prostitución…, el escándalo o el simple sensacionalismo. Actores y actrices que salían en la pantalla sin ningún pudor y que a veces acababan enamorándose.




 

Publicar un comentario

2 Comentarios