EL NUEVO THRILLER


 

Desde bien temprano, para que  nada falle y la maquinaria esté bien engrasada, se diseñan las mentes como en un Copycat “sigloveintiuno”, lejos de aquella película de 1995. De cada prototipo, se hacen millones de réplicas. También se hacen réplicas del dinero. Y de los cuadros de los grandes pintores. Y de los bolsos de Louis Vuitton. La vida es una réplica muy rentable. Se logra tal perfección que, a veces, es difícil diferenciar entre la auténtica y la copia. Bueno, sí: la copia no piensa; actúa como un robot.

Mañana por la noche, la música subirá por las paredes y por el lado oculto del corazón, y millones de robots bailarán al son que toque el sistema, obviando la buena música, esa música negra que empapa la noche de sudor y erotismo, capaz de hacernos improvisar la vida con una novena diatónica en si bemol. “Somos lo que soñamos”. Y un diseño no sueña.

El encargado de hacernos soñar será uno de esos boleros de siempre que nos convertirá a los bailarines en almas celestiales, muy entretenidos a esas altas horas de la noche con nuestra acompañante de baile, a la que miraremos con ternura mientras ésta nos va pasando la mano por la nuca para quitarnos la timidez y, de paso, exhibir el anillo de brillantes que le hemos regalado, otra réplica, símbolo del compromiso. Y el  champaña llenará la copa de frivolité y en los lavabos se formarán colas infinitas, ya sea para perfilar la raya del ojo, esnifar la otra “raya”, miccionar, ribetear los labios de rojo, fumar, mirarnos al espejo, o reír a carcajadas. Mañana por la noche, los lavabos se convertirán en El Cotton Club de Nueva York donde se bendecirán los cubalibres y el deseo..., pero sobre todo el traje comprado en las rebajas,  que nos sentará como un guante y que hará juego con la corbata, cuyo trabajo durante toda la noche no será otro que sujetar  el gaznate o la nuez, convencidos de que así lo que sujetamos es nuestra virilidad,  mientras nos vamos preparando  para una exhibición del macho alfa, sin caer en la cuenta de que es la mujer la que domina el tablero de ajedrez, la que dice cuándo ha llegado el momento oportuno del jaque mate, porque lo femenino domina el escenario tanto como  las piedras preciosas que brillan sobre su pecho, que es el escaparate, es decir, donde se dejan ver los “otros” diamantes en estado puro, estacionados en línea y formando el canalillo,  el camino a la perdición, o camino del éxtasis..., y será justo ahí, ¡zas!, cuando se cerrará el cepo y pasaremos a ser las presas de la noche, porque el fin del año es el día elegido por las ladys para hacerse con el poder, que no siempre está detrás de la bragueta o encima de los huevos. Encima de los huevos suele estar  21 días la gallina clueca, como manda la naturaleza. Lo femenino solo se queda unos minutos: lo que dura la seducción.

Pero antes, minutos antes de que llegue el clímax y que la reina del tablero nos dé matarile..., nosotros seguiremos destilando entusiasmo por doquier, pagando por la cena, por la bebida, por dejar el abrigo en el ropero, y por existir. Y ya no podremos escapar. El dinero nos habrá convertido en réplicas sin valor alguno. Las doce campanadas, a cargo de Chenoa y Estopa, ¡ya ves…!, marcarán la línea de salida de otro año, en este caso impar (se dice que todas las mentiras terminan en non), entre el champaña, el glamour y las apariencias. Todo burbujeante, de purpurinas doradas y sonrisas “Profiden”, con la alegría subida de tono, siguiendo el tufo y las órdenes de la sota de bastos o de la sota de oros, desplazándonos al ritmo que marcan esos dieciséis centímetros de tacón sobre los que va subida la dama que nos ha tocado en suerte, ligera de cascos y de ropa, dejando caer la lencería y los escrúpulos, también la moralidad..., total..., qué más da..., una noche es una noche, y si hay que quedarse desnudo ante el mundo, pues nos quedamos en pelota viva, el caso es "mojar"..., nos decimos a nosotros mismos, ignorando que, en cuanto comiencen a sonar las doce campanadas, ella entrará a matar. Sonará la primera campanada... y, en la última, el pájaro habrá caído en sus garras, y el corcho de la botella de champaña también, que explotará y hará ploff, y los globos también explotarán, y el ambiente se llenará de miles de papelillos de colores, de serpentinas..., besos por aquí y por allá, abrazos, te quiero, mi amor, y yo a ti... Al instante, la bella, la tonta del bote, la reina de la noche..., una de ellas, se acercará a nuestro oído y nos dirá: -"Has perdido, cariño. Jaque mate. Págame".

Entretanto, el escáner del sistema empezará a rastrear las inteligencias y pasará la mayor parte de la madrugada diseñando la siguiente jugada, cocinando nuestro destino, que, dicho sea de paso, no está escrito en las estrellas, como dijo un banquero, sino en los despachos de cuatro guionistas, pagados por la maquinaria del poder. El dinero nunca duerme y seguirá haciendo de las suyas. Por eso nos inyecta en vena la contradicción.

¡¡¡Feliz Año Nuevo 2026!!!





 

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