LA VIDA SIGUE IGUAL


 

 La trama de la mañana la va redactando la lluvia con su caligrafía puntillista. Han empezado a caer unas gotas. Pero nada serio. La vida sigue igual, aquella película de Eugenio Martín, con Charo López , Florinda Chico y Julio Iglesias, en estos días con la herida abierta, que ya veremos en lo que queda, en tanto que la gripe va por todo el país de maratón en maratón. La gente anda refugiada en sus casas, tras dar varias vueltas a la manzana, por aquello del colesterol. También por la artrosis, que deja las rodillas como la porcelana. Y con la bata puesta, termina de hacer la quiniela de catorce, que la hubiera roto el Alba, ya que ayer tumbó en tres asaltos al Real Madrid de talonario. El Albacete Balompié ya no es aquel Queso Mecánico de Benito Floro, sino el Matagigantes que tiene memoria y algo de inteligencia, jugando con un 5-3-2 y pensando en lo que hace. Tiene apetito. Ya se ha cargado a tres “primeras”. Y lo que le queda, porque, de momento, no tiene fiebre ni complejos.

La mañana trae unos ojos profundos y un azucarillo en el pico. Se impone el paraguas y llevar los labios pintados para añadirle algo de color a esta mañana del jueves, también para evitar que sea una suma de equivocaciones, tal y como está el patio. Poco a poco, van sonando los coches sobre las calles mojadas, de puntillas sobre la ventana y con los pies descalzos. Enero, en un día como el de hoy, parece recuperar su juventud  y hay ratos en los que se pone íntimo, parisino, de encuentros inesperados y tentaciones que no vienen de arriba, sino de amistades desaparecidas que, con el frío, han resucitado, que es lo mismo que aparecer entre tinieblas treinta y tantos años después, desnudas como uno de esos  edificios en construcción pero con los pilares revestidos de silicona y el rostro embalsamado, por lo  que les cuesta gesticular. “Mua, mua…  ¿Cómo estás…? ¡Qué bien te veo…!”, preguntas y respuestas de rigor ante alguna de esas calaveras que me miran como lo hace una lechuza. “¡Cuánto tiempo!”, exclaman. “Pues, la verdad es que sí…”,  respondo. Menos mal que la imaginación libera al artista de la cárcel y sobre todo del surrealismo. Yo me sigo quedando en Quevedo, Rubén Darío, parte del 27 y algún que otro poeta de los “novísimos”. Los artistas tenemos que estar todo el rato en “modo artista”  y no con el pensamiento en una mano como si nos hubieran dado una limosna. Una cosa es sarmentar, otra coger oliva y otra cazar al vuelo la belleza, que es ese pequeño jardín que hay que regar todos los días aunque esté lloviendo. Eso de la inspiración es un cuento. Lo importante, en estos tiempos, es la estufa bajo el escritorio, la luz del flexo o del Barroco, y algo de desesperación. Y, en nada, aparece el primer susurro, la voz, la palabra con la que envolver este invierno, tierno y cabreado.

Yo soy un artesano. Trabajo a diario sobre el bronce de mi biografía, que mis manos no paran de tocar. Hay veces que tengo que desenroscar la bombilla para conseguir esos claroscuros tan necesarios, urgentes, para que no quede una biografía arrugada, hecha con la dieta, sin sustentos, sin varillas, sin estrellas, sin ese ángulo fascinante por donde siempre asoma el fracaso, el maestro, el que nos enseña el camino y dónde está la cicatriz de la vacuna cuando nos vacunaron de la polio.  El orfebre, el leñador, es el corazón, que a veces se pone irónico y tira de sorna, o hace un remiendo, y me quita una loncha de un lado y cuatro escamas, y me deja algo más delgado, que no viene del todo mal, sobre todo por la foto, donde no se ven los sentimientos ni se adivina el perfume que uno lleva puesto. En el corazón están las trasparencias, el visillo, el “dèshabillé´”,  tan íntimo (Intimissimi), la estampa verdadera, los propósitos, y el momento adecuado y oportuno de nuestra vida. También los detalles y la definición exacta de uno mismo. Lo demás…, patrañas.

La mañana húmeda y la noticia caliente. Hoy es un jueves con “la niña bonita” escribiendo el día y la política rompiendo las cosas. Los números que no dan y las cabezas en crisis. Las nubes amenazan más lluvia y algo de monotonía para para la tarde.  Es un día sin rostros nuevos en los diarios, porque lo que en realidad nos vende la vida cada mañana no es más que una imagen, con la que asustarnos.





 

 

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