La
mañana de este viernes 13 hace su particular desfile por el pasillo central del día, que lleva ya
un buen rato exhibiéndose delante del viento, el cual viene fuerte y huyendo del
embrujo de la borrasca que se aproxima, Oriana, con un nombre como el de aquella
periodista italiana que fue la primera mujer en convertirse en corresponsal de guerra. Oriana Fallacci era la
reportera insolente de la época, que revolucionó la manera de ejercer la
profesión. No tenía pelos en la lengua. Milan Kundera la calificó como la
precursora del periodismo moderno, por
delante de Hemingway y Orwell. Su amor fue Alexandros Panagulis, el activista
griego que luchó contra la dictadura. Murió a los 77 años.
Vuelve
la cotidianeidad, la música enlatada y los coros del infierno, compuestos por
unas cuantas sopranos con cara de brujas, tenores con pintas de querubines y barítonos perversos, además de una cohorte de santos barones que
intentan neutralizar lo que en su día votara el pueblo. Vienen a por las cuatro perras que nos quedan. Se
han aliado con los representantes del cielo y con los escribanos de los
tratados divinos, que siempre están más decididos a hacerse una gayola que a emitir un juicio justo y fervoroso. A los de las casullas les va la pasta gansa
y las obras terrenales, por mucho que suene el clave celestial bien atemperado en medio de la
nave de cruz latina, mientras el kapellmeister
interpreta Los
conciertos de Brandenburgo, cuyo sonido invade el vacío de la catedral, donde
se puede coger un resfriado. Suena Bach
y las campanas en el momento del Ángelus, cuando son las doce de la mañana y
la intensidad busca las escaleras del púlpito para hablarle a la plebe, a los
obreros de la construcción y del yeso, a los Martínez y a los García, a los pobres de solemnidad y a las viudas, a
los servidores públicos y a los jornaleros del campo, y también a esos
campesinos que han dejado tirados los de la Comunidad Europea con Mercosur, y
que se han plantado en la
capital con el John Deep, el Ebro o el Deutz-Fahr, tractores de la protesta,
presentes en el asfalto y en esta guerra de precios e intereses, parando los motores en
los alrededores del Ministerio de Agricultora, cerca de Atocha, bajo la luz
naranja del atardecer, que es el color de las pasiones.
Termina
la primera vuelta de la Copa del Rey y llega el Benidorm Fest, que se celebra en el Palau d´Esports
L´Illa, de donde salió pitando Luna Ki en un ataque de ansiedad: -“La salud por
encima del espectáculo”, ha dicho. Desde que Julio Iglesias triunfara en 1968
con La vida sigue igual y, dos años
después, en Eurovisión, cantase Gwendolyne, dedicada a una chica
francesa de la que se había enamorado, 58 años después aparece en nuestras
pantallas un festival renovado que reúne a los pesos pesados de la canción
española, que sobre el cuadrilátero librarán una batalla musical, donde intervendrán los veteranos y también las voces emergentes. En cuanto a Gwendolyn, de
la que no quiero olvidarme, Julio Iglesias fue casi obligado a quitarla de su repertorio
por varias quejas de plagio, ya que, supuestamente, guardaba muchas similitudes
con Je reviens te chercher, de Gilbert Bécaud. Llega el Festival de
Benidorm y…, “unos que vienen y otros que se van…” . Y la soga que sube y baja para que suene la
campana, el ding dong, el sonido de la catedral, que bien puede ser una llamada de atención o
las cuerdas del amor, cuyo volteo hace repicar también a los corazones. Programas
invernales para ver en el salón, mientras esperamos en la puerta al cochero con los caballos, al Uber,
a un Bolt o al Cabify Tesla, silencioso, eléctrico, que tarde
o temprano, en lo que queda de mes, provocarán otra huelga de taxistas con tal de darle algo
de emoción al mes de febrero. Sólo falta que haya una huelga de la IA. La estoy
esperando.
La
lluvia nos ha dejado el alma limpia y la próstata como un balón de rugby. El
personal se inclina por Hamnet y se
olvida de La balada de la isla Wallis,
una película maravillosa, sencilla, que, a medida que transcurre, se
hace grande, inmensa…, íntima, con unos actores en estado de gracia, un guion
bien escrito y una historia bien narrada. Y me da igual lo que diga Boyero: zapatero a
tus zapatos. Entretanto, como si fuera un momentazo
o un acontecimiento nacional, anuncian en las noticias de la mañana el estreno
de El vestido, una película de terror
dirigida por Jacob Santana y Frank Ariza, con Belén rueda y su hija, Santiago
Molero, Antonio Molero…, artículo de puro entretenimiento para dejarnos muertos en
la butaca a los que aún estamos vivos. Nunca olvidaré el día que también se anunció
como un evento importantísimo a nivel nacional el estreno de Torrente: el brazo tonto de la ley, así
como todas sus secuelas. Aquí utilizamos el bombo y el platillo hasta para ir al McDonals. Últimamente, su
director ha estado en conversaciones con Ábalos y Koldo para la próxima, que
será la sexta, con el sugestivo título de “Torrente,
presidente”, que contará con un breve cameo de Fernando Esteso. A la
parroquia le gusta que le den caña, chistorras a la barbacoa, y que no la pongan
a pensar. Le va el botellón o el botellazo, el cine imperfecto pero eficaz, un
cine que tanto ha influido en las tendencias, en el humor, en los icónicos
peinados (pensemos en el corte de pelo de Gabino Diego…, ahora tan de moda). Humor absurdo y
surrealista, personajes casposos, parodias del cine de acción, alguna buena actuación
musical… Torrente, presidente se
estrenará en marzo del 2026. Con esta
mención solo intento adelantarme a las noticias de las seis de la mañana y
romper el ciclo. Madrugar es de pobres. O de viejos. Son frases que surgen como
contrapuntos de la modernidad, lejos de la calidad de vida. Es lo mismo que
decir: “Para ser de izquierdas, también hay que ser rico”. Y añadir: E ir en
moto. Levantarse temprano, nos da una lección de humildad.


1 Comentarios
¡Muy bueno!
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