LUNES 12 DE ENERO: LAS REBAJAS



 



Las rebajas le ponen el acento a este enero de subidas y bajadas, con la cuesta bastante empinada, y el frío curtiendo el salchichón en más de media España, que viene a ser la sintaxis de la liturgia en los bares, con una caña y unos trocitos de salchichón, el primo pobre de los embutidos, porque la musa no es otra que la sobrasada. Hay rebajas hasta en el amor, que está de saldo, tras hacer inventario. Otros aseguran que el amor está en los detalles. Y están los que creen a pies juntillas  que el amor son las cenizas del fuego. Esto último lo dicen cuatro solterones que apuran su café ojeando unas cuantas revistas en los bares, pero, todo hay que decirlo, el amor es la espuma de los días, que bebe agua en los charcos que se forman con el deshielo, al derretirse la nieve, como se bebe almíbar, al derretirse el azúcar en los labios .

Estamos a doce de enero. Mañana trece y martes, “ni la tela urdas ni a tu hija cases”, dice el refranero, porque seguimos llevando las supersticiones a la espalda como si fueran una vidriera en la que se refleja nuestra vida, en tanto que la estupidez es la que va haciendo el pregón en todo el mundo, la misma que se les ha subido a la chepa a esos cuatro viejos gruñones, envalentonados con la euforia del éxito y el wiski de Canadá, que en sus días se lo vendían a las mafias en los barcos anclados en aguas internacionales. Esos directivos canosos no quieren reconocer que están ya con la próstata más hinchada que un zepelín y que pasan las madrugadas en las clínicas privadas. Y lo peor es que no saben qué hacer con los escombros que van dejando. Por donde pasan, hay mucha polvareda y pocos resultados. Están muy lejos del animal mitológico. Se han quedado en la fiera. Viven atormentados con los siete tomos de historia de  los países que gobiernan y que acostumbran a leer los fines de semana en el chalet que tienen en la Luna. Cuentan las emociones con los dedos. Su realidad es la síntesis de su tristeza. Adoran el martillo, el golpe, el ruido mediático y el acústico, que no es otro que el argumento de El ruido y la furia, unos testimonios recogidos en el cuento de Faulkner, por donde se desliza lo  mezquino y fluye la conciencia.




Las rebajas riman con los vagabundos de las calles y con los pobres del tetrabrik, que lo ordeñan a diario como a una vaca. Vino tinto o blanco. Gasolina necesaria para enfrentarse al frío estos días. Lamen el cartón sin tener en cuenta a la multitud, que pasa con sus bolsas, con sus heridas, porque el consumo les va haciendo a cada transeúnte una herida en el vacío de su corazón. Sin embargo, al mendigo se le pone cara de poeta, de borracho, y de obrero de la vida, que la trabaja como se trabaja un poema, que no tiene afiliación, pero sí música. El tetrabrik  los apacigua, les hace callar y los lleva de regreso a la infancia, o a la tumba del fracaso, sobre la que se inclinan con sencillez, y con respeto, porque allí hay enterrados muchos sentimientos que no supieron manejar. Y eso los llevó a la calle, que es corta como un callejón, donde llegan los olores y  donde, al final, se encontraron con los demás, con los pobres que, como ellos,  se quedaron fuera de la propia existencia, o de la historia, pero que aún siguen sonriendo de vez en cuando.  

A la naturaleza humana le gusta la aventura, de ahí las rebajas. Y de ahí el amor, con sus descuentos, que,  entre la eucaristía y las bodas en los ayuntamientos, se ha abaratado. Te puede casar hasta un barrendero de la contrata. Cuando  se le quita el glamour a las cosas, se quedan en un panfleto o en el rosario. Lo teatral ayuda bastante a los enamorados a la hora de controlar los nervios, o de detener la inquietud, tan propia de cualquier miembro que abandona el rebaño, pues se sale de un orden para entrar en otro edén. Y eso lo deberían comprender los jóvenes y ver qué está pasando con esta depreciación del amor. Hablamos de una llama encendida, porque… ¿Qué otra cosa es, si no, el amor?  No hablamos de cuatro pares de zapatos, unos pantalones, dos boxer, un par de bragas, un reloj de pared, las sábanas…, que, en definitiva, no es más que algo de ropa, textiles para el hogar o electrodomésticos.. No… Hablamos del dramatismo romántico, del individualismo, de una persona o un sujeto  que  une a otro: en lo personal, en la parte íntima, en la boda del año,  en la vida…,  esa obra tan bien escrita y con esos diálogos tan magníficos...; hablamos de tirar las dudas a la basura y la ordinariez, y las flores horteras y los gemelos, que daban el pego, y entregarnos al instante de amar, al fuego, que es algo muy revolucionario, sencillamente porque pone en pie y en marcha dos vidas que hasta hace poco parecían estar muertas. Y en cuanto a las rebajas… ¡Que les den…!





 

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