Para la escritora Ángeles Mastretta, la
ortografía es mucho más que un simple cumplimiento de las reglas gramaticales.
Para ella es “una forma sutil de la elegancia del alma. Y una exposición de
los hábitos, donde es difícil fingir". Y añade: -“Quien no la tiene, puede vivir
en donde le dé la gana”. En su libro Maridos (2007), hay un relato homónimo en
el que Juan se cansa de quedar con su mujer y empieza a quedar con alguien más. Un
día, la mujer “se hizo al ánimo de aceptar que el hombre de toda su vida se
hubiera sentido con tiempo para iniciar otra vida en otra parte". Y, pensando en
esto, anduvo por la casa poniendo en orden el desorden. Entre los cojines
encontró un papelito rosa, escrito por la amante de su esposo, doblado en
cuatro. Lo desdobló. Tenía un recado escrito con letras grandes e imprecisas,
que decía: -“Corazón: has lo que tu quieras, lo que mas quieras, has lo
que tu decidas, has lo que mas te convenga, has lo que sientas mejor para todos”.
—¿Has? —dijo Ofelia en voz
alta. ¿Su marido se había ido con una mujer que escribía haz de hacer con has de haber?, ¿con una que no le ponía el acento a tú el pronombre y lo volvía tu el adjetivo?, ¿con alguien capaz de confundir el más de cantidad con el mas de no obstante...?-.
Según el pliego que
debía firmar, la causa del divorcio era incompatibilidad de caracteres.” Nada
más cierto”, pensó ella. La ortografía es carácter. Firmó.
La autora mexicana
asegura que quien descuida las palabras termina descuidando también el sentido
de aquello que quiere decir. El lenguaje escrito es un rastro. No se trata de
elitismo, sino de claridad.
Hablamos de ortografía,
esa parte de la gramática que se ocupa de las reglas y convenciones para
escribir correctamente las palabras de un idioma, que incluye aspectos como el
uso adecuado de las letras, los acentos, las mayúsculas, y los signos de
puntuación.
Con la aparición de la
escritura, las sociedades buscaron una cierta uniformidad en la comunicación
escrita. El alfabeto latino, originado por los etruscos y adaptado por los
romanos, sentó las bases para varias ortografías modernas. Con la invención de
la imprenta en el siglo XV por Johannes Gutenberg, la estandarización de la
escritura tomó un nuevo impulso. Alfonso X, continuando con la iniciativa
tomada por su padre, Fernando III el Santo, institucionalizó de forma
definitiva el uso del castellano. En 1492 se publica la Gramática castellana de
Antonio Nebrija, cuya primera parte, siguiendo el modelo de las gramáticas
clásicas, está dedicada a la ortografía. A lo largo de los siglos XVI y XVII se publicaron
numerosos tratados de ortografía. A comienzos del siglo XVIII, un grupo de
ilustrados, a cuyo frente estaba Juan Manuel Fernández Pacheco, marqués de
Villena, creó en 1713 la Real Academia de la Lengua. Y en 1844, la reina
Isabell II decretó la enseñanza obligatoria de la ortografía en todas las
escuelas españolas.
En la historia de la
literatura hubo escritores que se rebelaron contra la ortografía: Juan Ramón
Jiménez decía que debía simplificarse y parecerse a la oralidad; García Márquez,
en Zacatecas, en el Congreso Internacional de Lengua Española, vino a decir que
la ortografía era un lastre: -“Jubilemos la ortografía, terror del ser humano
desde la cuna: enterremos haches rupestres, firmemos un tratado de límites
entre la ge y la jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos. ¿Y
qué decir de nuestra be de burro y ve de vaca, que nuestros abuelos nos
trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?”.
Alex Grijelmo asegura que
“quien tiene un problema de ortografía no sufre solamente ese problema. La
ortografía es un termómetro y un consenso social”. Pero no debemos confundir
escribir correctamente con escribir bien. Lo que nos enseña la gramática, como dice Isaac Belmar,
es la estructura sobre la que levantar la escritura, tan necesaria, de la que
hay que conocer sus fundamentos, pero ningún palacio memorable es solo
estructura". Los principales problemas cuando empezamos a escribir son los típicos
cambios en los tiempos verbales, algunas tildes que no están, o mal puestas, las
normas de puntuación, las rayas de diálogo o la apertura de las comillas… La
ortografía no tiene por qué deteriorar la calidad narrativa de un texto pero, de
alguna manera predispone al lector, ya que es donde va envuelto el mensaje. Y
las faltas pueden suponer una barrera. Hay quienes han llegado a asegurar que
la ortografía es un reflejo de la educación. Salvador Gutiérrez, académico de
la Real Academia de la Lengua, dijo que “la ortografía es el aseo de la
escritura”. Ortografía y calidad, y un problema de nuestro tiempo. Una de las
soluciones es leer, leer, y leer. Corregir un texto es como limpiar una herida.
En el blog de la Universidad Popular de Zaragoza, me ha llamado la atención una anotación: -“
Alguien dijo que “si cuidar la ortografía te parece un disparate, ¡dispárate!”.
Esta frase, como muchas otras, fue atribuida al pintor Joseph Ducreaux, pero
la realidad es que dicho pintor no dijo ninguna frase acerca de la
ortografía, sino que vienen a ser frases mal traducidas del inglés que se convirtieron en memes y se hicieron virales con las canciones de rap
y las redes sociales. Respiremos... La ortografía sigue gozando de buena salud a pesar de la inmediatez y del escaso rigor que hay en las plataformas.


0 Comentarios