Se vuelve a estrenar en los cines Otello, la ópera de
Verdi, en la que “la pasión es una tormenta y
los celos son el final”. La necesidad de amar, de conocer al otro… Amar
y sentir, la curiosidad hacia lo desconocido, la tentación que nos lleva y nos trae
a casa, con el desgarro en el alma, navegando dentro de nuestras aguas
profundas, dentro del destino, para después partir de nuevo. Llegan los aplausos
y el presente se funde con el pasado. Eran aquellos tiempos, cuando jóvenes, en los que nos alineábamos con los planetas para escuchar Recuerdos en Mi bemol, un tema de Lito Vitale, al que siempre me
gustó llamarle Recuerdos en Si bemol,
por aquello de quitarle algún que otro bemol a la vida y hacerla menos
dramática, y que aquella música se quedara como una melodía maravillosa que el maestro argentino
nos regaló en 1991, que a día de hoy aún sigue sonando.
Suena la música y llegan hermosos recuerdos, uno
tras otro, mientras viajo en el tiempo. Aquel
tema sin letra era una caricia en el alma que escuchaba en aquellas tardes en las que no sabía qué hacer ni adónde ir, pensativo, tumbado
sobre el tiempo o sentado en un peldaño de la escalera, intentando planificar,
en parte, mi futuro o mi próximo viaje, aunque en realidad sabía que no podría ir a ningún sitio porque no tenía dinero. Y ahora que lo
tengo, ya no quiero viajar. Y lo único que me quedaba era ponerme a soñar, en tanto que Lito seguía sonando. A cada nota,
a cada recuerdo, una sonrisa se dibujaba
en mi cara, cubierta por el humo del cigarrillo. Fumaba todo el rato. Aquella
música de la new age era muy bella. Me llevó a muchos lugares en los que nunca había
estado. Hacía que me sintiera enamorado, por momentos, de alguna de las chicas
que conocía. A medida que la aguja avanzaba por el disco de vinilo, se me iba
derritiendo el alma.
Un álbum de recuerdos y armonías al amanecer, de
música íntima, que utilizaba para
despertarme temprano. Por la ventana, entreabierta, se colaba el viento, que
refrescaba el amor y la memoria. Sentado en la cama, echaba de menos los
tiempos vividos, que me superaban. Quería olvidar, pero no podía; quería que la
tormenta de sentimientos pasara, pero ésta seguía invadiendo mi corazón. Solo
encontraba alivio agarrándome a la almohada. Con el paso de los minutos, me
quedaba otra vez dormido. Cada día se
hacía más largo que el anterior. Algunos días,
duraban un siglo. El sueño se hacía eterno. No quería despertar para no
sufrir. Y el álbum, Ése amigo del alma,
era arrebatador. El primer corte, de 6.47 minutos, era Recuerdos en Mi bemol. Un
regalo. Y un momento de belleza garantizado. De principio a fin.
Ahora, mis oídos ya son viejos, pero siguen añorando
aquellas notas. Y aquellos recuerdos con los que fui moldeando el mundo para
ser quien soy. Viejas notas bajo un sol radiante de verano. Belleza en la
ópera, en la literatura, en la pantalla… Cada viaje tiene su lenguaje propio.
El viaje, la música…, aquello que interiorizamos, que nos revuelve por dentro, que
nos cambia, que nos zarandea y nos obliga a sacar el yo, la furia…, y luchar por
aquello que amamos. Recuerdos en Si bemol,
como rebauticé ese precioso tema de Lito Vitale. Partir para regresar;
regresar siendo otros, sin perder la identidad,
mirándonos por dentro, aprendiendo a estar a solas con nosotros mismos, tras
dejar atrás un mundo inalcanzable. Paraísos perdidos, tristes, con esa belleza
que tiene la tristeza, tan frágil, difícil de definir, entre amarillos y azules
que se amalgaman para dejar que las emociones tengan un solo color, como sucede
con el destino, porque el destino no existe, sino que todo es una casualidad.
Magia de una partitura que el tiempo ha pasado a
limpio. Recuerdos en Si bemol, recuerdos de
otro siglo que siempre sonarán como suena el eco de notas que acompañan a los sueños. Soñar, vivir “pa” decirte algo, mientras
aprendo a quedarme solo, aprendo a elegir…, a controlar la mirada que me observa, las manos que me
agarran, las alas que me ayudan a quedarme quieto en el aire… Sentir “pa
decirte” lo que nunca te dije, vos y yo juntos, sin un plan, mientras tú te
ibas convirtiendo en mi confidente emocional. Vos y yo, y la música de Lito
Vitale, recuerdos de ayer, de hoy y de siempre.


1 Comentarios
¡Bellísimo artículo !
ResponderEliminarLa nostalgia, el paso del tiempo, la belleza frágil de la soledad y la música imprescindible de Lito Vitale.
Adicta a tus escritos….