La mañana del lunes arranca con una
suma de voces: unos creen que para saber pensar hay que saber leer; y, otros,
que los líderes no se definen por aquellas manos que los aplauden.
Liza Surganova piensa que “el gran arte nos puede ayudar a superar nuestros
días más oscuros”. Opiniones. Pero quien nos trae el texto del
mes es León Tolstoi, que nos dice: -"Para vivir honradamente
es necesario desgarrarse, confundirse, luchar, equivocarse, empezar y
abandonar, y de nuevo empezar y de nuevo abandonar, y luchar eternamente y
sufrir privaciones. La tranquilidad es una bajeza moral".
La moral,
tan olvidada, archivada en los rincones del alma, llena de polvo y de
cachivaches. El alma ya no pesa 21 gramos, puesto que el alma del siglo XXI
pesa tanto como una piedra. Vivimos en una época de respuestas rápidas, de
incertidumbres…, la vida en un soplo, que ha hecho que desaparezca la autoridad
moral e intelectual.
Vivimos instantes. Nada se repite.
La ocasión la pintan calva. Y no queda otra que aprovechar la
oportunidad. La actualidad surfea sobre las olas de agosto, dejando sus
huellas en la orilla de la vida. Lecciones vitales para seguir cabalgando a
lomos de la realidad, que siempre se impone.
El verano vuelve a mirar a Hollywood
y a sus producciones, y se olvida de esas salas en las que se pasa cine de
calidad: películas pequeñas, independientes, maravillosas, sin efectos
especiales, donde se oye la lluvia, cuando cae, con la respiración a medio gas,
mientras la protagonista echa una cabezada. Cine para soñar, embrujos del
celuloide, ya en digital, a precios populares. Cintas de verdad; cines de
siempre, donde igual pasan Cold War, de Pavel
Pawlikovski, Mr. Jones, de Agnieszka Holland, o Las
bicicletas son para el verano, basada en un texto de Fernando Fernán Gómez
y dirigida por Jaime Chávarri en 1984, que nos cuenta la adolescencia en un
Madrid en estado de sitio. La guerra siempre tan presente. Cintas íntimas y
dramáticas que hacen que nuestro cuerpo se amolde a la butaca, para después, a
la salida, comentarlas en ese paseo nocturno con los amigos. Cine, moral y
calor, ingredientes de un verano marcado por los incendios y por esa operación
de inteligencia llevada a cabo en Ceuta para desestabilizar al Gobierno.
Poder y literatura en pleno verano. En las obras de
Tennesse William el verano funcionaba como un símbolo de intensidad emocional y
sexual, de deseo reprimido, incluso de destrucción. Oscuros secretos familiares
bajo un sol abrasador. Estamos en 1958: De repente el último verano.
Locuras y tentaciones. Veranos que alimentaban el delirio del dramaturgo de
Misisipi. Verdades reprimidas; traumas no resueltos. El verano como una
poderosa herramienta narrativa que nos iba revelando las complejidades de la
naturaleza humana. En cambio, en la obra de William Faulkner, otro sureño, el
verano simbolizaba la decadencia, un calor sofocante que aceleraba las pasiones
humanas, mientras iba ahogando a los personajes en ese sur profundo de Estados
Unidos. Novelas ambientadas en el condado de Yoknapatawpha, que en
realidad era el condado de Lafayette. Tierras pobres, miserias, gentes
doblegadas, que el escritor elevaba a un universo dramático. Vidas intensas,
grandes territorios geográficos, duros y olvidados, donde solo quedaba
resignarse. Entretanto, de fondo sonaba esa música rural, los acordes de un
banjo, el canto junto a los ríos y los coros de las iglesias baptistas. Raíces
profundas y algún blues tradicional o un poco de jazz melancólico. Calor, alcohol
y libélulas. Y esas noches en las que los grillos no paraban de cantar. La Ruta
61, a orillas del Misisipi, donde se mezcla la música celta con el country, un
río literario por el que me gustaría navegar. Noches de verano cuando el verano
era ese dulce pájaro de juventud rodado en Metrocolor y Panavisión,
dramas de altos quilates por donde se paseaba el aroma de los perdedores, de
puertas que se abrían y se cerraban, mientras los sentimientos y las
debilidades se quedaban a la intemperie, y los protagonistas nunca terminaban
juntos. Son esos imposibles de la vida en los que se interpone la
incomprensión, la clase social y el dinero.


1 Comentarios
Yo también quiero navegar por ese río literario …
ResponderEliminar¡Me encanta!