LA VERDAD ES SOLO UN RESPLANDOR


 

La crónica sentimental va pasando del jamón con melón al besugo al horno; de Lorca a los Javis,  y del delirio a unos cuantos argumentos manoseados,  que  por lo general suelen terminar en una cama, porque la cama es como un campo de fútbol donde meten los goles los cuatro de siempre. La actualidad está compuesta por una serie de sonidos cuyos ecos retumban en la memoria y unos cuantos ambientes perfumados, para que, en nombre de la pela y del éxito, vuelvan a contarnos otra vez la misma historia, o por enésima vez la tragedia, con todos los filtros, con otra mirada, años después, hasta que nos da por abandonar la cama,  nos asomamos a la ventana y, desde ahí, decidimos trepar  hasta la higuera para visionar, casi cincuenta años después, A un dios desconocido, de Jaime Chávarri, en un intento de recuperar la memoria o quizás de enterrarla definitivamente.

De la excelencia pasamos a ajustar cuentas con el pasado después del letargo, echando mano de  otro beso, de otro producto, de otra luz,  aproximándonos lentamente  a la biografía del poeta granadino, de su lejana presencia, por entre cuyas imágenes suenan algunas notas de piano, orquestadas, versionadas, como una forma de amplificar la pasión, la soledad, el drama. La bola negra se ha hecho a la mar, rumbo a Hollywood, como si eso fuera un síntoma de calidad y belleza, de  un producto  digno de premio y rentable, sin poner en duda  otras cuestiones éticas, históricas, estéticas, políticas o de fidelidad al personaje.   Lo esencial va muriendo, en tanto que se imponen los clásicos sin filtros y la música con peso, que nada tiene que ver con su duración y la textura.

Vuelve la prudencia, la mano a la boca, mientras aprendemos  a callar antes de hablar, sobre todo a la hora de destripar la realidad, por donde se pasea la ignorancia en patinete por las aceras. Hoy se pasa de la literatura al réquiem sin que repiquen las campanas. Sólo han repicado  los bordones en Granada por Pepe Habichuela. Granada antes y después, Granada siempre, por una mirada y una sonrisa. Y vuelve a llover, vuelve a caer la lluvia, el poder del agua, que hace aparecer y desaparecer las cosas, que llena de voces y misterio poético la soledad, el amor de nadie, el amor dulce de la soledad, el análisis frío, para presentarse a un premio e ir a Hyperion a que me publiquen, aunque luego no me lea nadie, o me lean las estanterías oscuras de las librerías, en la noche.  Con el corazón roto y las palabras rotas también, desnudo en cada verso, rellenando el poema con dolor para que la gente sienta aunque no lea, para que la gente vibre aunque no entienda, para que la gente se haga gente en cuanto el primer verso entre en el corazón. De eso va la sangre del arte, cada línea,  cada lienzo. Rimar con la mente en menos de un metro cuadrado, que es donde está la realidad, los mitos y los sueños. La emoción breve, la huella de los días vividos, incluso de aquella mañana que nunca llegó y me quedé esperando. El mañana, la mañana…, la historia simple y breve, la nuestra, que cabe en una mano, cuatro líneas, un sentir, un trasfondo y momentos imposibles. Raíces, memoria, hasta que llego a la intimidad, que es de donde salen unos cuantos apuntes. Artesanía con palabras sencillas, para leer. O para guardar.  

Vivimos una realidad llena de correcciones, sobre la que se escribe con grandes letras por las que guiarnos, que siempre nos llevan por caminos equivocados. No es una cosa de ahora, sino de siglos. Los siglos son como los viejos diarios donde está escrito todo y sin tachaduras. Lo cierto es que hoy en día preferimos la silueta, el contraste, la simplicidad de las formas. Nos hemos subscrito al deseo sin riesgo, al saqueo de lo público y a la cultura del pesebre, donde nos echan de comer. La cultura del subsidio, y por eso nos alimentan con grano y forraje, con falsedades, deudas, procesiones, discordias.., y donde la verdad solo es un resplandor.

La mañana del viernes huye hacia poniente a toda velocidad y se queda en un resplandor. La vida viaja a toda velocidad. Y el tiempo acude a beber agua al manantial y se esfuma. Todo se queda en un resplandor, en una verdad a medias, en un billete falso, en una actuación floja, mientras por el rostro resbala el sudor, la impotencia, y nos miramos de reojo. Quieren convertir la vida en un éxtasis místico y nosotros les hemos dado la aprobación, el consentimiento. Luego, nos sentamos en un banco de un parque y, ante tanta impotencia, en vez de hablar y levantarnos todos a una, nos insultamos. Nos han metido a todos en un cuadro en el que no cabemos y donde tampoco caben las ideas, ni la libertad.

Y ésta es la letra, la tipografía de la cuartilla, el futuro o la película. Los gimnasios son un ramillete de músculos desde bien temprano hasta que echa el cierre la luna; los museos, el silencio de los pintores, que hacían el amor de madrugada cuando volvían del palacio y ya habían cobrado; las plazas, un mundo de hombres y mujeres cansados que cabalgan sobre el reúma, la artrosis y la desmemoria; el barco, las vacaciones terrestres de los del IMSERSO, donde se puede celebrar una boda y tener una relación con un caballero sin espada; y la izquierda…, el rastro que dejó el marxismo. Son cosas tontas con las que distraernos.  La vida es una distracción. Va por horas. La tarde suele ser más demagógica que la mañana, debido a la televisión. Los anuncios sirven para comerse un yogurt o comerse una manzana. Las tardes son las horas muertas de las pensiones. La mañana es más variada. Incluso algunos se rocían con colonia, perfumando así la existencia. Lo peor es la noche, siempre llena de despropósitos. La noche está llena de ruinas, y la mesilla de noche de cadenas, dentaduras, audífonos, prótesis… Es la madurez, gracias a las pastillas, sobre las que echan una cabezada, hasta que se tienen que levantar de nuevo. Y este es el paraíso, donde fuimos desterrados después de que Eva se comiera la manzana. ¿Qué hubiese pasado de haberse comido un melocotón o a la propia serpiente? Será en el próximo capítulo.

 



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1 Comentarios

  1. ¡Qué belleza!
    Detrás de esa crítica social, está Celín en estado puro.
    ¡Cuánto arte en tus frases!
    Deseando leer el próximo capítulo ….

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