EL TIEMPO Y SUS FRONTERAS


 

Las estrellas Michelín siguen siendo el Santo Grial para un chef y Pablo Erroz el diseñador que triunfa en la moda desfilando hacia el futuro. Tendencias sobre la pasarela y la moda huyendo de las etiquetas. Días de alfombras rojas y vestidos espectaculares, que el viento no se llevó. La belleza en decadencia y el reciclado que se impone. También el minimalismo y la ropa para los perros. Diseños para el día a día, el placer de vestir, el hedonismo, y la pieza, la prenda, el envoltorio que nos viste, que nos realza, que nos eleva. Llega el artista, coge un diseño y nos viste con un capricho, una idea que es como un papel de fumar. El traje de chaqueta para un compromiso y el vestido para la noche. Ecos del romanticismo y de un  negocio millonario. Entretanto, estamos a la espera del cambio horario y de repasar el mapa de las pensiones, lo que cobran los vecinos del barrio o unos jubilados de Alhaurín de la Torre. Máximos y mínimos, diferencias que afectan al bolsillo y a la calidad de vida. La riqueza en directo y la pobreza en diferido, después de comprar la barra de pan. Frontera entre las zonas acomodadas y las comarcas más deprimidas. Las fronteras del tiempo.

Hace ahora ocho décadas que Manuela Fernández “creo” el Día del Padre. Un directivo de Galerías Preciados quiso contratarla y se negó, pero le pidió que contratara a sus alumnas. Y así lo hizo. Cátedra publica una antología de la poesía española, que va desde 2000 a 2025, con veinticinco voces. Su nombre es Estallido. No es solo un libro, es una realidad: se han multiplicado las voces, las editoriales, las revistas y los lectores jóvenes, que consumen poesía.   Leonardo Padura, desde Cuba, visiblemente desesperanzado, afirma que “no sabe lo que puede ocurrir con su país”. La respuesta quizás la tenga Carmen Linares, que desde el Circo Price, donde celebra un recital de los treinta años que han pasado desde que publicó el disco “Antología de la mujer en el cante”, ha dicho que “solo hay que tener miedo a los que convierten el mundo en un lugar tan feroz”. Opiniones aparte, el día también trae unas cuantas promesas que, a lo largo de la semana que viene,  se irán haciendo efectivas, si el tiempo no lo impide, porque últimamente el tiempo cambia muy deprisa y pasa del sol a la sombra en un periquete, del frío al calor, o del reloj de la cocina al del campanario. Después se marca un tango con el viento y más tarde  se aparea con la lluvia en medio de la calle. El tiempo es muy promiscuo, tanto como un caballo desbocado que corre por la pradera, tras la yegua. Pero los hechos, nos obligan a respetarlo, aunque sea tan inestable y funcione con tres declinaciones: pasado, presente y futuro. El pasado se declina como la memoria (memoria-ae, primera declinación); el presente, como el pecunio (peculium-peculii, neutro, segunda declinación); y el futuro como la vanidad  (vanitas-vanitatis, tercera declinación)  y el olvido (oblivium-oblivii, neutro, segunda declinación). Y ya tenemos el triunvirato, los parámetros de nuestras vidas, el techo de nuestras aspiraciones, que a menudo nos obligan a salir por la ventana para evitar ser cogidos in fraganti o ser entrevistados por los espías de esta sociedad llena de controles.

La lluvia ha estado sonando toda la noche. Las gotas se oían salpicar en los cristales de la ventana, con la persiana  a medio bajar. Despertaba de un sueño y me metía en otro. He estado yendo de la presentación de un libro, cuando, según tengo entendido, los libros no hablan, a una fiesta; de ahí, al vientre de Madrid, para coger el Metro; y he terminado en un despacho de abogados, firmando los papeles, de cuando el divorcio. Es lo que tienen los sueños.  Saltas de una novela  a otra: del realismo mágico a la novela psicológica, que nunca supe lo que era y por qué le pusieron ese nombre. He ido del invierno a la primavera, a todas las primaveras que ha habido en el mundo desde que yo recuerde. Y me he metido en alguna que otra como el que se mete en una cama que no es la suya, que es otra aventura, otro olor, y una piel distinta. Nada más tocarla, se me ha encendido la memoria como se enciende un mechero. Y de nuevo he vuelto al pasado, a la primera declinación. Y así todo el día, a todas las horas..,  porque la vida es un bis, una cosa cíclica, que  va y viene, que se repite, que vuelve, que se aleja o…, en últimas, que se pierde para siempre…, aunque, bien pensado,  "siempre" tampoco existe, sobre todo en un mundo que es finito, limitado, contabilizado…, por metros, por gramos, por litros…, por la cercanía, por la claridad con que la miramos las cosas…, si es por la tarde, o por la mañana…, con sol, sin él…, yendo, viniendo… Por fin, cansados de caminar, con los últimos pasos,  llega el abrazo, ese abrazo que estaba  esperándonos, la mano amiga, la que nos reconoce…, la voz que nos llama, que pronuncia nuestro nombre, que coge con sus manos nuestro rostro, mi rostro..., y que logra, cuando yo creí que jamás lo conseguiría , que sepa  quién soy.




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