Paolo
Sorrentino, el cineasta italiano, dice que “estamos en una época en la que las
cuestiones éticas se han vuelto irrelevantes”. El autor napolitano, director de
La gran belleza, Fue la mano de Dios, Juventud
o Parthenope, afirma que “las decisiones morales son muy
importantes a la hora de mantener la solidez en este mundo que se está
perdiendo”. A la hora de deliberar, muy a menudo echamos mano de ese “hazloquedebas”, tan socorrido. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, dado el nivel de manipulación, la máquina de la moral
no está preparada para tomar decisiones trascendentales.
En el
escenario actual, reina la indiferencia.
La
sensibilidad emocional va todas las
mañanas en la ambulancia camino del hospital más cercano. Durante
el trayecto, estamos expectantes a ver lo que hacen otros. Hasta que alguien da el primer paso. Y, a ese osado, le llamamos el “héroe”, sobre el que recaerán todas las críticas. Pero, lo que no sabemos es que, con los días, ese paladín anónimo, se convertirá en
el faro de muchos inoportunos, que verán en él una esperanza.
Dentro
de poco, si no nos ejercitamos, si no aprendemos a utilizar nuestras emociones,
porque todo tiene un aprendizaje, la inteligencia artificial irá tomando las
decisiones por nosotros mismos. El vehículo irá por las calles sin conductor. El
dinero, irá metido en una tarjeta de débito o de crédito, y nosotros en una
urna de cristal: una urna; un voto. La responsabilidad moral está
ligada con la libertad. Pero seguimos llamando libertad al acto de consumir.
La moral
siempre tiene un gran enemigo, que no es otro que la hipocresía. Decir una
cosa y hacer otra. La ceguera moral se ha distanciado de los razonamientos, tan
atrapados como estamos en un mundo de convicciones erróneas y tan influenciados por
la política, los negocios y las redes sociales. Lo que busca la rentabilidad es un
pensamiento único, sin dilemas, sin cuestionar el sistema. Pero sabemos que nuestra fortaleza está en lograr un pensamiento crítico. Por eso, casa día, nada más levantarnos, tenemos
que poner en marcha la brújula moral y aprender a guiarnos por esta aventura tan compleja,
por este viaje tan alucinante, en el que igual surcamos los mares que mundos
invisibles. El desafío está ahí, sobre la mesa, cuando desayunamos. Al lado de
la taza de café con leche, está la brújula, que no es el tarro del azúcar o el
de la miel, sino el que está lleno de propósitos, y que, sin duda alguna, exigen una postura ética.
La mañana comienza con una aventura emotiva en la que nos jugamos nuestra identidad. Ser íntegros no tiene mucho que ver con la ambición humana. El desafío es todo un reto. En la película La Grazia, de Sorrentino, todos los personajes tienen algo secreto detrás de ellos, que, llegado el momento, explota. Hay muchos instantes en los que no sabemos qué hacer o cómo debemos mostrarnos ante los demás. Es cuando aparece la duda. Y, para más inri, no tenemos a mano una respuesta. Sabemos que no es fácil... Y que, ante cualquier disyuntiva, no quedará otra que reflexionar… Queda cada vez más claro que el dilema nos involucra y que, antes de dar un paso en falso, tenemos que aprender a nadar en esas aguas turbias, unas aguas en las que nos encontraremos tantas mareas como conflictos de intereses. Es el momento de escucharnos, y de leernos por dentro, y de actuar con firmeza, lo que requiere coraje y compromiso, porque la convicción, cuando no es la duda, lo cambian todo. Decía Molière que “las dudas son más crueles que la peor de las verdades”. Borges afirmó que la duda “es uno de los nombres de la inteligencia”. Oscar Wilde pensaba que “creer es algo muy monótono”; por el contrario, “la duda es apasionante”. Indagar, pensar, cuestionar… La riqueza está en abrir nuevos espacios al pensamiento, cajas de resonancia donde haya pareceres, voces, conversaciones y respuestas múltiples a una sola pregunta que sobrevuela: “¿De quién son nuestros días?”. No podemos estar esperando para decidir sobre nuestros pasos. Tenemos que adelantarnos y profundizar: saber quién nos engañó…, cuáles son los misterios de la condición humana, las decisiones que la definen… Y empezar. Y para ello, nada mejor que partir de la belleza, del gesto, de la naturalidad. Entonces, sentiremos que nos llega el aire. Frente a nosotros…, tendremos la historia que hemos vivido, compuesta por un puñado de hermosas imágenes que le habrán ido dando algún que otro significado al drama, a este viaje que emprendimos creyendo que era un juego, sin que nos diésemos cuenta de que en realidad aquello era nuestro destino. Sin poder evitarlo, volvemos a las palabras y comenzamos a escribir. De hecho, la caligrafía, ya es otra. Es lo que tiene buscar por todos los sitios la belleza. Ése era el plan.


1 Comentarios
Juego o destino? Y solo la belleza como bálsamo o redención. Cómo nos consuelas, CC.
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