SUPERFICIES FALSAS Y FRÍAS


Hay quienes aseguran que la misión Artemis II es una proyección holográfica y cinematográfica, diseñada para distraernos. No  se trata de una exploración, sino de un decorado que oculta la construcción de una red de vigilancia. La luna es el escenario, pero la prisión se construye aquí abajo.

Palabras ante las que hay que contener el aliento, mientras contemplamos esas superficies falsas por donde se pasea un silencio frío que nos hace caer en la trampa, en el juego sucio auspiciado desde los despachos para manipular miles de millones de almas como si fueran monigotes de trapo.

Hay que desconectarse de esa bola de nieve  que nos mantiene en vilo  y dirigir nuestra mirada hacia  un lugar en el que no haya agujeros negros ni cráteres llenos de osadía; salirse del sistema y quedarse en las orillas, aunque eso signifique dejar colgada en un árbol  la chaqueta del capitalismo, de la engañosa calidad de vida,  de las trazas burguesas, tan asimiladas,   antes de que todo ello nos cree un  desorden interior. La vida pende de un hilo, de la luz de la linterna, de un capricho, de un diseño, de una coartada. Vivimos en un orden desordenado, en un caos gestionado desde estructuras que sabotean nuestro bienestar. Los cables se cruzan, las emociones saltan por los aires, la tensión crece, la ansiedad se dispara, y el desastre invade el cerebro.  Con los días, aparece la fatiga mental, caldo de cultivo para que la manipulación haga sus efectos. Estamos rodeados de enemigos silenciosos.

La tecnología taladra los cielos, momento en el que pueden suceder muchas cosas. Nada es aleatorio o pura casualidad. La eventualidad  cronometrada  es  algo cotidiano y diseñadoa para que sea  creíble. Las cosas no suceden por azar, sino porque están planificadas. Resuenan los ecos de aquel Capricornio Uno,  que no cuestionaba la llegada a la Luna de forma directa, sino que lo que cuestionaba era que aquella misión espacial podría haber sido falsificada y que el Estado podría ser capaz de eliminar a su propio personal para proteger el relato. Cada imagen, cada  palabra enviada a la Tierra…,  se grababa allí con el objetivo de mantener intacta la narrativa de esa proeza.  Para la NASA, el mayor peligro era que alguien descubriera el engaño. Cuando, por fin, la cápsula regresa a la Tierra, se desintegra. Los astronautas dejan de ser héroes y se convierten en un problema que debe desaparecer. Son un cabo suelto. La conspiración busca  borrar cualquier prueba que pueda desmentir la versión oficial.

La semilla de esta historia nació lejos de Hollywood: concretamente, en la agencia espacial. Peter Hyams, su responsable, había trabajado como periodista para la CBS durante cada una de las misiones del Apolo. Desde los estudios, rodeado de maquetas, pantallas y recreaciones, llegó a la conclusión de que el mayor acontecimiento tecnológico del siglo se estaba protagonizando a través de cámaras, monitores y señales intermediadas. Sin apenas testigos directos, todo dependía de la imagen recibida. Hyams escribió el guion en 1972. La confianza en las instituciones seguía intacta, pero el escándalo político que derribó a Richard Nixon, el Watergate, cambió el clima cultural y la ficción descubrió un terreno fértil. El rodaje buscaba cierto realismo basado en la baja resolución de las cámaras de la televisión de la época. Para lograr ese realismo, la producción recurrió a la propia NASA. La culminación técnica llegó con las escenas aéreas. Pero no todos los trucos fueron espectaculares. Algunos rozaron la genialidad por su sencillez. El paso del tiempo dejó huellas físicas de aquel rodaje. En el desierto de Utah, todavía se distingue la mancha de grava donde se levantó un decorado temporal. Pocas metáforas resultan tan precisas para explicar el legado de Capricornio Uno.

El pasado 1 de abril de 2026, la NASA lanzó la misión Artemis II, la primera tripulada que se ha acercado a la luna en más de cincuenta años . Lo que debería ser un hito histórico, se ha visto empañado por una oleada de teorías conspirativas que califican la hazaña como un montaje. El detonante fue la entrevista realizada por la cadena CNN a los astronautas a bordo de la cápsula Orión. Durante la emisión, un peluche llamado “Rise” flotaba en la cabina para demostrar la ingravidez. Un clip grabado por un usuario con su teléfono móvil directamente del televisor se volvió viral. En él, se aprecian extrañas distorsiones visuales y fragmentos de letras blancas (como “TAN” u “OW”) que parecen superponerse sobre el cuerpo del peluche. Los conspiradores aseguran que esto es un fallo en el “croma” ( pantalla verde, la “prueba” del peluche, que no es más que un artefacto de grabación entre un teléfono y una pantalla, un fenómeno conocido como chromakey overlay mismatch). Medios especializados, como el Daily Mail y Gazeta Express, señalan que el vídeo no está alterado, pero tampoco es lo que parece. La controversia está servida. De nuevo la duda, la verdad, el legado de Kubrick. Cabría preguntarse: ¿Hemos llegado algún vez a la luna?

 


 

 

 

 

  

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