UN FIN DE SEMANA, DESPUÉS DEL VERMUT


 

La mañana tira de la magia  para que podamos pasar un fin de semana agradable, o soportable, porque entre el calor y los eventos, la boda, el día de los enamorados, el “furbo”, los fuegos artificiales, las lágrimas ardiendo, y el discurso hipócrita y huero, se nos van a derretir hasta los huesos. Y encima con la duda de si habrá aperitivo o no, porque, como sabemos, el aperitivo es el denominador común de los fines de semana, además de ser la alegría de la huerta, el premio o el regalo que nos hace la vida antes de comer, ya sea una caña, una copa de vino o un vermut,  porque todas las variantes conectan con el lado oscuro de nuestra existencia y lo llenan de luz, mientas la aceituna rellena va despejando el camino y le va haciendo un pasillo de honor a los berberechos. El  vermut  es  el indulto necesario de las penas de la semana, el lado débil  del guerrero, de  ese Sigfrido, que, una vez que se ha apoyado en la barra, ha optado por darse un baño en ese vino aromatizado, con sus hielos y su corteza de limón, y se ha hecho invencible.  Como lo oyen. Ya inmune, se ha acodado en la barra y ha dicho: -“Aquí me las traigan todas”. Y a continuación,  ha pedido el segundo vermouth, o vermú, o quizás vermuz, oiga, que cada cual lo dice como quiere…, y ha comenzado a sonar Wagner, el músico fascinante que revolucionó la música, y que nos vuelve a emocionar, y no lo otro,   la arenga de ayer, tan ramplona,  que ni emocionaba ni espantaba las cenizas de la noche, sobre todo para aquellos que dormimos boca abajo y con la cara contra la sábana evitando acordarnos de los puntos ciegos que tenemos cada uno,  pues en la horizontal, cuando no aparecen las brujas, aparecen los fracasos,  la impotencia, los complejos, y toda una  lista de contradicciones, que es más larga que la lista de la compra, quitando los helados y las chuminadas. Y, entonces, en pleno sueño, boca abajo, con la baba por la comisura de los labios, con el espasmo,  nos despertamos. No pasa nada…, simplemente que estamos algo desconcertados y no sabemos muy bien lo que sucede, ni dónde nos encontramos…, ni qué ha sido de aquel discurso que escuchábamos un momento antes de quedamos dormidos,  ni qué pasó con el conferenciante…,  del que no queda ya ni rastro...   Y todas esas incógnitas, esas preguntas, no son cosas insignificantes o baladíes.., de dejarlo pasar y ya está, sino que es un tema muy serio, ya que  tiene que ver con el respeto, y con la revancha personal, esa que dice que las cosas no pueden quedar impunes, que algo o alguien no puede echarnos la charla, quebrantar nuestro sueño y nuestras ilusiones, mentirnos en la cara a sabiendas y salir ileso.  Nadie puede  jugar con nuestra dignidad y con nuestra inteligencia como si jugara a las tabas con el astrágalo, el hueso del tarso. No quiero que me falten al respeto como se lo faltan a las multitudes:   la mentira eterna, la fe eterna, la causa, el cuento, la droga…, volver al palo, seguir idolatrando  un simple palo..., la adoración permanente, infinita, el miedo entre las carnes, y el vacío eterno. Maldigo  la barbarie y a sus responsables.  Interpelo al homo sapiens,  al homo erectus, al homo ergaster, al homo habilis,  y a todos sus descendientes,  incluido el homo stupidus, que andará por los árboles, adonde ha regresado, claudicando por enésima vez ante la Santa Sede. El vasallaje, tan antiguo. Rodilla a tierra…, con la dignidad…, también por los suelos. Suelo y tierra,  asaltando conciencias, con el pecado de por medio, sin él,  sin rastro de sangre, ni de culpabilidad, condenados de antemano por haber nacido, desterrados, apresados por enésima vez por el miedo, condenados, maniatados, y vueltos a perdonar.  Todos en fila, de nuevo las filas, todos ante el redentor, ante el que no redime sino que avasalla, ante el que nos inclinamos en actitud humillante, ante el hombre hecho hombre, el hombre primitivo que aplica el látigo, la fe, el volteo de campanas, la puesta en escena, la bendición en una esplanada, en un río, bajo techo, bajo palio, bajo el miedo feroz de la muerte, por tu muerte, por tu santísima muerte, por nosotros, por ellos, por los mártires de la doctrina, de la fe, el mayor montaje del mundo, por los siglos de los siglos, amén. Quiero borrarme de la lista como ser humano.  Pueden mentirles a los demás, si así lo quieren y lo desean, pero no a quienes nos parece un insulto, porque ese credo no hace otra cosa que ensuciar  la naturaleza, que es lo más bello que existe y la única verdad. Si la  noticia de primera plana en un estado aconfesional como el nuestro es que el Jefe  del Estado del Vaticano se arrodilla o tira un ramo de flores al mar, algo no funciona.  

 


 





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1 Comentarios

  1. Comparto contigo y me borro también de la lista.
    Por suerte, nos queda la barra del bar....
    ¡Muy bueno!

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