DUA LIPA: LA BIBLIOTECA MANIFIESTO


  

 

La cantante, compositora, modelo y actriz británica de origen albanés, Dua Lipa, desde su club de lectura Service 95, apuesta por fomentar la lectura. Una manera de ayudar a la literatura. Este activismo se ha materializado en la creación en la ciudad portuguesa de Oporto de la Biblioteca  Manifiesto. El espacio, facilitado por la librería Lello, reúne una colección permanente de 100 libros censurados, prohibidos y silenciados en todo el mundo, que la propia actriz ha escogido. Es un santuario dedicado a los libros y esos autores que desafiaron las estructuras de poder y control, que negaban a los lectores  un centenar de obras. Los títulos van desde Los versos satánicos, de Salman Rushdie, a La Insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, pasando por El segundo sexo, de Simone de Beauvoir. Por supuesto, no falta el clásico tríptico de la distopía: 1984, de George Orwell; Farenheit 451, de Ray Bradbury; y Un mundo feliz, de Aldous Huxley. También podemos encontrarnos Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez o Soldados de Salamina, de Javier Cercas.

Hagamos un poco de historia: En 1557, un médico converso, Francisco de Peñaranda, quien supuestamente comerciaba con libros, emparedó en los muros de su casa de Barcarrota, en Badajoz, una serie de libros publicados entre 1525 y 1554. Ninguno de los libros emparedados podía circular en aquella España del siglo XVI porque todos estaban en el “Index librorum prohibitorum” del Inquisidor General,  Fernando Valdés,  desde 1559, en el que venía recogido un índice de libros prohibidos de la Inquisición romana promulgado por Paulo IV en ese mismo año. Esos libros emparedados fueron descubiertos en el año 1992 y entregados a la Consejería de Cultura de Extremadura. Entre ellos había una edición de El lazarillo de Tormes, impresa en Medina del Campo en 1554; una edición de El Libro del Alborayque, que venía a ser un tratado sobre los conversos, además de un ejemplar único, en portugués,  de La Oración de Emparedadas, próximo a la superstición, a lo que sumar  una edición latina de la Lingua, de Erasmo de Rotterdam… El índice contenía 700 libros prohibidos: dos tercios estaban en latín y otros dos tercios no habían sido editados en los territorios de la Monarquía Hispánica. Entre esos libros prohibidos en castellano figuraban las obras de Erasmo de Rotterdam; las de Gil Vicente; las de Hernando de Talavera, confesor y consejero de Isabel La Católica en los primeros días de su reinado y posteriormente arzobispo de la Granada conquistada en 1492; las de Bartolomé Torres Naharro, poeta y dramaturgo del Renacimiento; diversas obras de Francisco de Borja; incluso los mismísimos Ejercicios Espirituales, de Ignacio de Loyola. Y la pregunta sería: ¿Por qué prohibieron estos libros de espiritualidad? Pues sencillamente porque estos libros promovían la espiritualidad personal y podía despertar el resurgimiento de sectas místicas o grupos de “alumbrados” próximos al protestantismo.

La Inquisición se había instaurado en Castilla con los Reyes Católicos en 1478. Los libros estaban bajo sospecha en todo momento. Torquemada ordenaba la quema de los libros de los judíos de Toledo ¡A la hoguera! También los libros árabes de las mezquitas de Granada que ardían por orden del Cardenal Cisneros. Tanto el Corán como el Talmud eran libros bajo sospecha. En un principio, el destino de muchos libros no era otro que la hoguera. En distintas ciudades, tanto de Castilla como de Aragón, se organizaron Autos de Fe donde no solo se juzgaba a los herejes sino también a los libros. En 1559, en la Plaza de Autos de Valladolid, se llevó a cabo un Auto de Fe, presidido por la realeza, donde fueron condenados cientos de libros al ser considerados luteranos o heréticos (iconoclasta, hereje, cismático, irreverente…), incluyendo biblias traducidas al castellano…,  sin  olvidarnos de El Arte de Amar, de Ovidio. Desde finales del siglo XVI, los libros incautados en los registros de librerías y bibliotecas, fueron enviados a las sedes del Tribunal de la Inquisición. Algunos terminaron en la Biblioteca de El Escorial. Felipe II le encargó al hebraísta Benito Arias Montano que realizase un Índice expurgatorio para que muchos libros fueran prohibidos completamente. Los textos de toda la intelectualidad europea fueron prohibidos. Muchos estaban escritos en otros idiomas: Rabelais, Marsilio de Padua, Maquiavelo, Jean Bodín, Dante, Tomás Moro y Juan de Ávila. La censura y los índices actuaron de modo continuado hasta el último  decreto inquisitorial, que fue emitido en mayo de 1819. El 15 de julio de 1834,  la Inquisición dejó por fin de tener efecto legal.

En pleno siglo XXI, desde el año 2007, Norwich, en Inglaterra, es la ciudad refugio para escritores amenazados y perseguidos por sus ideas. Ha sido nombrada la Ciudad Literaria de la UNESCO. Es un paraíso para escritores. Cuenta con una historia que se remonta a Juliana de Norwich, autora del primer libro en inglés escrito por una mujer en 1395,  y  cuna de los famosos programas de Escritura Creativa de la Universidad de East Anglia. La ciudad apoya firmemente la libertad de expresión a través de su programa City of Refuge. Autores como Thomas Paine y W. G. Sebald dejaron su huella en sus calles adoquinadas. El esplendor de la ciudad queda evidenciado por su colorido y sus dos catedrales, una protestante y otra católica. Sobre la primera, en marzo, la pareja de halcones peregrinos que anidan en la torre comenzaron el período de  incubación. Este municipio británico también fue pionero en adoptar la ley de Bibliotecas Públicas de 1850.

 Dua Lipa apuesta por una biblioteca dedicada a eso “libros que desafían el poder, la censura y las narrativas dominantes”. El concepto se erige como un santuario contra la censura, aquellas obras que se enfrentan y retan a las estructuras de poder, al control y a las narrativas dominantes. Esos libros se dividen en cuatro categorías: Poder, Control, Voz y Memoria. Libros que han sido prohibidos por motivos políticos, religiosos o sociales. El golpe principal se le ha dado a la UGO, la Ultraderecha Global Organizada, aunque también hay volúmenes que han sido prohibidos por gobiernos autoritarios una cierta “izquierda”. La cantante británica ha dicho: -“Nunca me cansaré de ver cómo la lectura me abre los ojos a opiniones y mundos que van más allá de mi propia existencia. Los libros que desafían el poder, la censura, la exclusión…, nos recuerdan por qué las historias son importantes y por qué cada voz merece ser escuchada”. Hay que defender la libertad y el pensamiento independiente, y decir no al adoctrinamiento, ya venga de maestros, políticos o sacerdotes, también de  los falsos profetas, esos que tratan de diseminar el odio o amplificar la banalidad.

 

 


 

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