Hace un día de plata y soles, casi
primaveral, de terrazas y conversaciones, con los cuerpos adosados a las gafas
de sol y a la sombra de la sombrilla, que hace la estancia más agradable. El
cuerpo republicano, que ayer fue monárquico, cosa que hay que agradecerle a los
papeles, que también buscaban la luz encarecidamente. Paseo por los adoquines
de los Austrias, evitando las zonas de los Borbones, que están a contraluz y algo
desdibujadas. El banco de piedra, tan desnudo como la mañana, con la luz en los
ojos, la camisa remangada y el suéter por los hombros. Se multiplican los sitios,
llenos de gente, de bocas que murmuran en ese castellano con laísmo y de unos
berberechos con argot chulesco. Suena un
teléfono, que seguramente sea del sindicato del atraco. Nos llaman cien veces al
día para engañarnos descaradamente. La caña de cerveza sirve para olvidar la indignación y
sacar el coraje. El cielo lleva ya un buen rato dibujando una mañana
espléndida. Entre el azul de los ojos de Amelia y la pintura de Fra Angelico, el Guido
di Pietro, aquél que ponía pan de oro sobre el halo de la vida. En estos días de tanta
luminosidad, es bastante fácil adivinar el relato del cielo.
Por una de las calles, una pareja camina codo con codo. Suena la voz en off de Mario Benedetti recitando una de las nueve estrofas del poema Te Quiero: -“Si yo hago cosas por ti, no es para que me quieras, es para que sepas que te quiero”. La mano amada se pasea por el hombro y el amor se detiene entre dos miradas. La mañana siempre trae unas cosas y se lleva otras. El idilio es de ida y vuelta. Ambos pasan por una esquina en la que hay un ciego, que escucha la radio. La ceguera vigila su locura interior. Vende cupones de la ONCE. Hace dos años que se divorció. Volvió a la tierra, a la acera de los hombres, al coro de la mañana, que es donde se ven a los que viven de pie. También le gusta Benedetti, pero otro poema distinto: - “Si todo lo que ofreciste, no alcanzó, ofrece tu ausencia. A veces, retirarse es el mayor acto de dignidad y respeto hacia uno mismo. Es mejor, a veces, irse, que quedarse donde lo único que hacen es hacernos daño”.
Ahora, la soledad del ciego es inmensa, pero también lo es su dignidad. No desea estar donde no lo necesitan, tan lleno de sueños como está cada mañana en su esquina, la esquina de los hombres que se respetan a sí mismos. Las esquinas son los chaflanes de la ciudad y los ciegos sus semáforos, que todo lo ven, con su mirada interior, tan inmensa. Como inmenso fue el poema quizás más desgarrador de la literatura contemporánea, que no fue otro que el que le escribió la poeta uruguaya Idea Vilariño a Juan Carlos Onetti, en 1957. Está dedicado a la tormentosa relación con el escritor. Se titula YA NO. Y dice así:
Ya no será
ya
no
no
viviremos juntos
no
criaré a tu hijo
no
coseré tu ropa
no
te tendré de noche
no
te besaré al irme
nunca
sabrás quién fui
por
qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por
qué ni cómo nunca
ni
si era de verdad
lo
que dijiste que era
ni
quién fuiste
ni
qué fui para ti
ni
cómo hubiera sido
vivir
juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para
siempre y tú
ya
no
serás para mí
más
que tú. Ya no estás
en
un día futuro
no
sabré dónde vives
con
quién
ni
si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como
esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.
En medio de la relación, él la dejó para casarse con otra mujer: Dorothea Muhr, que le acompañó hasta el final de sus días. Sin embargo, el enlace no acabó con el romance entre ambos, que se tradujo en celos y temor. Una situación que conocía incluso la propia Dorothea. La última vez que se vieron fue en 1974, en el hospital. Cuando Idea entró en la habitación, la mujer de él los dejó solos. La poeta recuerda así aquel encuentro: “Me levanté y quise tocarlo, tocar su mejilla con la mía. Apenas estaba llegando a él cuando me agarró con un vigor desesperado y me besó con el beso más grande, más tremendo que me hayan dado, que me vayan a dar nunca. Y apenas comenzó su beso..., sollozó, empezó a sollozar por detrás de aquel beso, después del cual debí morirme”.


1 Comentarios
¡Buenísimo!
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