Hubo
una época en la que, en todas las casas, había alguna que otra habitación
empapelada. El papel pintado renovaba la vivienda y le daba otro aire más
británico o señorial, un aire pequeñoburgués, que venía a desentonar en los
barrios pobres y de obreros, donde las paredes eran blancas. En ellas, se dibujaba el via crucis diario.
Hoy,
los papeles han dejado de ser secretos y han pasado a ser documentos
inservibles, papeles al peso, porque nunca se sabrá lo que pasó, lo que pudo
pasar, y lo que se estaba cociendo en las cocinas de la monarquía y del Estado,
ya que, en últimas, según cuentan, hubo
una hoguera en la trastienda; también, se traspapelaron muchas cosas;
otras, se esfumaron; algunas, fueron engullidas o trituradas por las máquinas;
y, en definitiva, lo que ha quedado, los restos, no dan ni para encender un
brasero, ya que los distintos ministerios decidieron archivar esos documentos y
clasificarlos junto a otras pistas y revelaciones. 45 años después, han visto
la luz: se han hecho públicos. Pero siempre falta algo, o es tarde… Sabemos que
hay cosas que no llegaron a archivarse por decisión de quienes estaban
interesados en que así fuera. Otras, se
perdieron, sin más. Sin más..., y sin menos, porque ese dos por ciento seguramente que era vital, trascendental para esclarecer los hechos. Por lo tanto, cuando se ha abierto en canal toda esa montaña de
información que durante años ha estado cerrada a cal y canto, uno se queda un poco frío, por no decir
que, uno, con la edad, se queda pasmado,
ya que los años nos hacen ser cada vez más incrédulos, desconfiados, suspicaces… Lo que
no quiere decir que, dada la decepción, me vaya a hacer directamente el
harakiri… Me explico: hay un instante en la vida en la que ya no vivimos hacia
afuera, sino hacia adentro, metidos en nosotros mismos, chapoteando diariamente
en nuestro mundo interior, que es una manera de subsistir, de no ahogarnos en
nuestra propia saliva, viendo lo que viene, ante tanta desinformación, tanta patraña, tantísima
manipulación… De ahí que, cuando llega realmente la noticia, nos importen
un pimiento los papeles, la tinta, aquellas voces…, los rostros de
entonces…, sobre todo al comprobar que todo estaba estudiado al milímetro a la hora de
abrir el zoo al público, puesto que la sociedad en la que vivimos no es más que un
zoo manejado por cazadores furtivos a los que les importa un bledo la extinción de las especies, si salen
un par de siameses o un tripartito. El diseño del mundo lo llevan desde hace
mucho tiempo dibujado en las sienes para que no se les olvide. La información clasificada, se la suda a
estos defensores de la raza, de la fe o de la patria. Esos papeles, no son más
que cuentos, chismes. La mayoría, los que vivan aún, ahora mismo se estarán
descojonando de la risa. Papeles…, puro entretenimiento de masas. Nunca
sabremos la verdad, porque la verdad no existe. Ése es el argumento. De unos y
de otros. Lo que existe es el mangoneo, las colección de cromos o de mentiras, sus lacayos, sus publicistas,
aquellos que maniobran para hacerse ricos con el bulo, el braguetazo o los
secretos de confesionario. Igual tiene. La realidad, tan cruda, se repite. A
nosotros, solo nos dejan que asistamos a la representación, años después, para
que aplaudamos como lo hace cualquier CLA. Somos los palmeros del momento, los que
lamentamos o festejamos cualquier gesto, tan acostumbrados como estamos a que
nos falten al respeto. No sé si echarme a reír como si esto fuera otra Escopeta Nacional o deprimirme ante la
falta de dignidad al ver tantas obscenidades en torno al ser humano: la
manipulación, la carne de laboratorio, el ritual, la lágrima, el pañuelo…, usar
y tirar, lo que somos, lo que significamos, lo que esperamos de esos cazadores…
Con los papeles, nos van a hacer un traje a cada uno, cuando la mortaja, en
medio de la plaza para que nos despidan como despedían a los tanques y a los
golpistas aquel 23 F. Se sabe más por lo que ha largado Bárbara Rey que por lo desclasificado, ya que, tras el intento del golpe, todo quedó tapado, perdonado. Los papeles tenían los ojos
en blanco de la deslealtad al pueblo y una mecanografía de despacho con paga. Los que escribieron
aquellos papeles cobraban todos del Estado. Los papeles eran cheques en blanco
para justificar el atropello. La tinta, está ya seca; la sangre, está aún
caliente. Es más clarificador y contundente
el silencio que los dichosos papeles, con tantas sombras como se ciernen
sobre ellos. Lo que sí supimos ayer, tras
su desclasificación, es que, unas horas después, murió Tejero. Coincidencias.


2 Comentarios
Cuanta razón tienes …
ResponderEliminar¡Buenísimo!
Muy bueno!!!
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