ESE JUGUETE ROTO


 

La Ciudad del Vaticano, y en particular la Basílica de San Pedro,  fue construida sobre una colina en la que había un  cementerio etrusco, custodiado por la diosa Vatika, próximo a un pueblo llamado Vaticum, ya que, por aquellas lomas,  crecía  una hierba alucinógena llamada también vatika.  Secretos bajo la tierra que se elevaron por encima de nuestras cabezas, que es como decir que,  sobre las cenizas del ayer, se levantó el mundo de hoy. Bajo el subsuelo se esconde la historia. Esa zona permaneció intacta hasta que Calígula ordenó construir un circo. Las nuevas construcciones se elevaron bajo los escombros de las antiguas civilizaciones.

En El Planeta de los Simios, llegando casi al final de la película,  vemos, en una playa y medio enterrada, la Estatua de la Libertad, la que Francia le regaló a la ciudad de Nueva York. Es un símbolo de la autodestrucción del planeta, la misma que atravesará los muros humanos, mientras los huesos volarán en Una Odisea del Espacio al ritmo de Así habló Zaratustra. Es lo que traen los nuevos tiempos.  Los sistemas deshumanizantes vuelven a imponerse en el orden mundial, a los que tendremos que enfrentarnos para poner a salvo nuestra libertad y nuestra dignidad, en otra aventura fílmica como aquella titulada Alguien voló sobre el nido del cuco. La vida y la ficción de la mano en la lucha por la existencia, por la cordura, por la verdad.

Tras los muros rojos, manchados de sangre, aparecerá el nuevo museo de la barbarie. Los restos humanos invadirán las cunetas y las calles, y sobre ellos se edificarán paraísos  en los que pasar las vacaciones. La crema protectora embalsamará la sangre de los muertos que hay bajo la arena de las playas o en las colinas del adiós, desde donde se divisará el mar. Bajo las faldas de las colinas  se esconden los engranajes del tiempo, porque toda fechoría tiene su parking privado, esas grutas del inframundo donde se cambia el verdadero color de las cosas,  y los rostros se tapan con máscaras, o las cúpulas se tornan desafiantes, hasta que se logra que la poltrona encaje, asentada sobre los escombros de la humanidad.   Y allí podremos ver a unos cuantos esqueletos o zombis a los mandos del timón; también a unos cuantos titiriteros moviendo los hilos de cada una de las  marionetas, que somos nosotros. Todos esos cuatreros, caben en una sola foto: se trata de un puñado de timoratos e impresentables,  sentados sobre sus rodillas a los mandos del mundo, de ese juguete roto, inservible, que, al manejarlo bruscamente, la  propia tiranía  del acto hace que el sexo del ejecutor consiga la erección que le niega la naturaleza y la historia.



Vivimos una estafa ideológica pergeñada por unos bravucones que no se acuerdan ni de las caras ni de los nombres de todos aquellos que han matado en nombre de su egolatría. A medio de la carnicería, como siempre, se les suelen caer los  pantalones. Esto es todo un síntoma, porque, al no poder andar,  desnudos de cintura para abajo, no son nadie, y, como le suele pasar a todo cobarde, se echan a llorar, pusilánimes  e impotentes.

Agendas ocultas detrás de eventos a nivel mundial, donde lo que se cuece o se crea es una ilusión a base de mentiras. Así ha sido la manera de construir el futuro, que se ha ido llenando de psicópatas y narcisistas. Y este es el menú de cada día. La escoria, los labios lisonjeros y la máquina del engaño nos han metido en el fango. La lengua mentirosa y las manos sucias han creado nidos de villanos que no han hecho otra cosa que cavar trincheras de barro y sangre. Ésa es la foto de familia de los dirigentes de algunos países donde se esconden los hijos más degenerados, la descendencia convertida en morralla humana. Y éstas son también  las historias de las naciones que se han  construido sobre un mito y que nos las presentaron ante nuestros ojos como el hogar de los valientes y el de la igualdad de oportunidades… Patrañas. Algunas naciones no eran más que montañas de barro y charcos donde cada cual se las apañaba como podía. Países llenos de injusticias, de desequilibrios y desigualdades, donde una minoría hizo lo que le vino en gana en nombre de la violencia. Igual que ahora. No eran los elegidos, sino los que eran capaces de usar la coacción y  la fuerza. La ley del más fuerte, porque no debemos olvidar que la violencia confiere poder. Cuanto más violencia se despliega, más fuerte se puede llegar a ser. La violencia y el poder van de la mano, y son dos parámetros  que están dentro de la naturaleza de los hombres, algo que nos deja un futuro sin escribir.







 


 

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