UN DÍA PARA LA INSPIRACIÓN


 

“Bruti tempi”, que decía Burt Lancaster en El Gatopardo, o tiempos convulsos,  cuando se avista en el horizonte el fin de una era, un mundo que se desvanece, mientras nosotros, resignados ante los  acontecimientos, nos ponemos de rodillas sobre el reclinatorio de nuestros hogares,  sin lirismo alguno ante esos espíritus desafiantes. En los hogares también se cuecen habas y también hay reclinatorios  donde lavar las culpas. Hay manchas que, por mucho que frotamos, no salen, cuando pensábamos en vestirnos de domingo. Así que no queda otra: que la inspiración se quede en pijama y, con el ruido, hacer un  testamento, por si acaso,  ya que hay más ruido danzando por esta realidad tan inestable que ideas, que vienen con  signos inequívocos de violencia y dejan  las emociones a flor de piel, cuando tenemos la certeza de que las  acequias pasan muy cerca de las conciencias, camino del barranco, hasta donde llegan las aguas fecales.

La carne sigue teniendo sus intimidades y sus secretos, como es de suponer, y literariamente siempre dieron mucho juego, tanto que, con cargo a los presupuestos, la Biblioteca Nacional de España ha adquirido, entre otras piezas,  un conjunto de publicaciones eróticas españolas del siglo XIX y principios del XX, en su mayor parte clandestinas, puesto que, cuando se publicaron,  su contenido se consideraba “peligroso”   desde el punto de vista de la moral católica, así como de las buenas costumbres. Se trata de volúmenes únicos. Pero de ahí,  a decir que el ministro de cultura, Urtasun, se ha gastado, casi 100.000 euros del ala, en libros eróticos, va un trecho. Una cosa es informar y otra salir a la palestra y disparar a bocajarro con ánimo de crear confusión entre la ciudadanía. El periodismo sigue yendo de comparsa del dinero  y de las influencias, allá donde lo llaman, y se ha acostumbrado a envolver la verdad con un tupido velo para que no se vean las entrañas del despilfarro y el tongo. Luego, los periodistas de nómina se marchan a sus casas y duermen como lirones. Mañana, vestidos con la camisa negra del día anterior, tapan las vergüenzas y siguen vendiendo mentiras enlatadas.  Hay que pagar la hipoteca, justifican. Lacayos del poder a los que éste les pone birrete y toga para que le saquen  lustre a la mentira. En fin… Pero lo de esas colecciones eróticas clandestinas que ha adquirido la Biblioteca Nacional…, es algo muy interesante. A principios del siglo XX se vendían en los quioscos. Fueron verdaderas revoluciones. Eran novelas cortas que ensancharon el  abanico de lectores, dado su formato, su precio y su difusión. También hubo alguna que otra lámina pornográfica suelta, coloreada a mano. La primera obra de la que se tiene noticia es la de “Teresa la filósofa”, publicada en Burdeos en 1812. O el Álbum del Príapo, de 1860, que era una colección de cuentos, leyendas, epigramas (sátiras burlescas) y chascarrillos del género. Los primeros originales fueron  muy poéticos. Algunos se atribuyeron a Leandro de Moratín. Otros, como El Arte de putear, de 1830, fue escrito por Nicolás de Moratín.





Así de sencillo y de espontáneo y de limpio está el patio está mañana en el momento de salir al recreo: -“Adentro los del primero…, adentro los del cuarto…”. Voces del ayer y del hoy, a punto de terminar el café o el tentempié de la mañana en el trabajo. Coloreábamos el Parvulito y, cuando sonaba el timbre, salíamos al patio para bebernos la leche en polvo, convertida en líquido por arte y magia del agua caliente de la estufa. Aquel libro era un enlace entre las cartillas en las que aprendíamos a leer y la enciclopedia, que copiábamos todos los días para ir moldeando la letra a nuestro gusto. Era una forma también de forjar el carácter de cada niño y enseñarle algo de aquella vida, que a menudo venía algo renqueante. El alma, quedaba protegida por el escapulario, y el cuerpo,  por aquel Jesús del sagrario, que echaba horas extras ante nuestra indiferencia. Quizás ahí radicó el secreto de su éxito, en aquellos años. Nuestro futuro seguía siendo un proyecto que estaba en el aire, tanto  como lo está hoy nuestro presente.  Queda claro que interesa que haya desorden e incertidumbre para que todos estemos agazapados tras la sombra de una quimera. Nos tienen encerrados en refugios como si fuésemos jamones puestos a secar. Primero nos asustan y, luego,  nos ofrecen una imagen, una palabra o una oración para que nos agazapemos tras ella  y pidamos la paz en nombre de un montón de seres anónimos. También  algo de confianza en nosotros mismos. Y así pasamos los días. La economía, aguanta; la tensión arterial, va y no va; los carburantes, suben; la comida, la envasan marcas  blancas; las vitaminas, son gratis;  y, las loas, también, pues no hay día en las que no nos echen unos cuantos piropos, ya que las elecciones están al caer, aunque falta que hable Tezanos,  todo hay que decirlo, porque hasta que éste no hable, yo no voy a rellenar la quiniela de los ganadores y perdedores, por mucho que mis amigos me digan que le ponga un 2 a Rufián cuando juegue fuera de casa y una X a los del Bloque Nacionalista Gallego, si juegan como locales. Los gallegos siguen en la aldea global y ya tuvieron su momento: nos mandaron desde Galicia a Franco, a Fraga, a Rajoy, y ahora nos han mandado a Feijó, aunque, hay que ser justos, y decir que también nos enviaron al dandi, al más dandi de todos los dandis, al gran creador, que no fue otro que  don Ramón María del Valle Inclán. Ahhh… Y no nos olvidemos de los calamares de cuando La Contrarreforma, los percebes, los santiaguiños, las almejas de Carril, Pontevedra, la centolla y las filloas, por citar cosas, o cosillas, sin contar las olas, qué olas… O Fisterra, que es donde se acaba el mundo...  Por lo tanto…,  yo espero las noticias de Tezanos como agua de mayo, de ese gurú que siempre tiene un as en la manga… Y mientras…, a verlas venir: al carrito de la compra, que se le va cayendo el IVA; al surtidor, el descuento del 20%; al pan congelado, que  se le ha caído la masa madre y la madre que lo parió; las magdalenas, que están de procesión y siguen duras y secas, artificiales; el frio, que continúa silencioso; la siesta, provocadora; la capilla ardiente, convertida en un mar de lágrimas; el globo del ojo, a punto de explotar y en urgencias, haciendo cola; el otro globo, el que hace de silla en pilates, que se ha roto; la habitación, llena de cachivaches y de sueños, y …, con las paredes esperando a que alguien se atreva a pintar una Giconda, o un Giocondo, que fue un libro muy apreciado en sus días de Umbral..., y, nada, esperando a que vengan los colegas a pintar algo, lo que sea, aunque manchemos el tresillo, porque el tresillo tiene siete vidas como los gatos, y una casa sin tresillo, ni es casa ni es ná.

 

 


 






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