Un
firulete no es otra cosa que un adorno.
En el caso que nos ocupa, nos referimos al adorno ortográfico. La
virgulilla es uno de ellos. Pero si
escribimos la palabra pedigüeñería, que tanto le gusta a Rocío Díaz Gómez, tendríamos los cuatro firuletes o adornos que
un término puede llevar en nuestra lengua: la virgulilla de la “ñ”, la diéresis
de la “ü”, la tilde del acento “í” y el punto sobre la otra “i”. La “ñ” no es
solo la única letra del abecedario que lleva virgulilla, sino que se ha convertido en el símbolo gráfico de identidad
más genuino del español, pero ni formaba parte del alfabeto latino ni era el
sonido palatal que hoy representa. Con la evolución de las lenguas romances,
cada idioma resolvió a su manera la aparición de ese sonido: el italiano lo
escribió con gn; el portugués con nh;
el francés con gn también; y el catalán con ny. En el castellano medieval se empezó a anotar con doble "nn" (donde encontramos anno, hoy
leemos año). Esto se hacía cuando los monjes copistas necesitaban ahorrar
espacio. Entonces escribían una rayita ondulada sobre la letra principal, que fue evolucionando hasta llegar a la grafía de la “ñ”. La
virgulilla (~), que proviene de vírgula (varita) en latín, es el signo ortográfico con forma de
rasguillo que se utiliza principalmente para formar la 'ñ' en español. Es el
trazo cursivo que corona la letra para crear un fonema nasal. No estamos ante una simple “n” acentuada,
sino que, ese signo diacrítico en forma ondulada, hace que la “ñ” sea considerada
una letra de pleno derecho. También tiene implicaciones visuales, estéticas y
funcionales. Puede influir en el equilibrio visual de una palabra, especialmente en
algunos títulos, logotipos o composiciones tipográficas. Pensemos en aquellos
logotipos que quieren reflejan una identidad hispana. De hecho en programación
o diseño web, la virgulilla (~) se utiliza como carácter
especial, lo que puede generar conflictos si no se codifica
correctamente. La mejor manera de escribir la virgulilla (~) en un teclado
español es presionando la tecla ALT
Gr + 4.
En 2014, en San Millán de la Cogolla, Victoria Martínez López, presentó el libro titulado “La virgulilla. Homenaje a la letra Ñ”, donde se reafirmó que la eñe había pasado de ser una grafía convencional a un icono de nuestra lengua. Más de 4.000 palabras y de 1.000 apellidos contienen esa letra.
Para aprovechar la página y en homenaje a la virgulilla, que tiene más que ver con el lenguaje que con Hernán Cortés, en la era
moderna, el uso deliberado de retórica política y propaganda lo que buscan es
influir. Algunos filósofos y sociólogos han argumentado que el uso del lenguaje
puede servir para manipular la realidad (como ya observó George Orwell en la novela 1984). Instituciones
académicas como la Real Academia
Española (RAE) han chocado frecuentemente con los movimientos sociales,
al oponerse a la implementación del lenguaje inclusivo, pero la utilización del lenguaje como instrumento de manipulación no es un
invento de George Orwell, sino que ha existido desde los primeros amaneceres de la humanidad. El poder de las palabras es
inmenso. La esencia de la manipulación reside en la persuasión, una de las tres
funciones básicas del lenguaje, que siempre está lleno de emociones, y éstas se
utilizan para manipular, pese a los
esfuerzos de Descartes por separar la emoción de la razón.
Álvaro de Prado afirma que un idioma es embajador y cauce de una civilización, que transmite sabiduría y una forma de vida. El lenguaje constituye un universo, un patrimonio y una seña de identidad. Y su aprendizaje no puede servir de excusa para el desprecio. Aprender es amar. Conocer es amar. Cuantos más idiomas conozcamos, más capacidades cognitivas tendremos, más perspectivas de vida manejaremos… C.S. Lewis llegó a asegurar que el asesinato de una palabra es ese momento en el que pierde su significado con un uso distinto del que hasta entonces había tenido. Por ejemplo, acuñar palabras nuevas que en realidad son totalmente innecesarias (y, además, lo curioso del caso, es que ya existían otras perfectamente aplicables para ese significado). En estos procesos, los medios de comunicación tienen una responsabilidad muy grande, siendo muy frecuente que lancen o copien indiscriminadamente palabras de moda sin tener en cuenta las consecuencias, lo que supone una pérdida de la riqueza del lenguaje. En este sentido, Ezequiel Mansilla, mantiene que la inteligencia artificial, los correctores automáticos, los chats… Cuando se confía ciegamente en las máquinas, sin revisar ni cuestionar…, y la educación deja esto sin corregir..., sin que haya una vara de medir para que nadie se quede fuera…, y más cuando todo se reduce a repetir contenidos, lo que se logra verdaderamente con todo eso es encontrarnos con una generación que aprueba las materias sin haber comprendido los textos, sin haber debatido las ideas y sin haber desarrollado el músculo de la duda.
Ya dijo George Steiner que el lenguaje era un arma y que, con una sola palabra, puede abrir una inmensa oscuridad. El lenguaje es el instrumento de la gracia y de la destrucción del ser humano. El diablo debe ser un gran lingüista. Pero lo que realmente presenciamos es una preocupante tendencia a la trivialización. Como dice Lisandro Prieto Femenía, cuando el vocabulario se reduce a un puñado de términos, el diálogo se empobrece. La calidad del lenguaje es un pilar insoslayable de la democracia y de la autonomía personal; es la posibilidad de una ciudadanía libre y consciente. Si se habla mal, se lee mal, se escribe mal y se piensa mal.
Sí a los firuletes, sí a la virgulilla, sí a la Ñ…, no a la manipulación.


1 Comentarios
Muy interesante
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